martes, 8 de septiembre de 2026

Energía cerebral

El Dr. Christopher M. Palmer (https://www.instagram.com/chrispalmermd/)  es psiquiatra de Harvard e investigador especializado en la conexión entre el metabolismo y la salud mental. Es el director del Departamento de Educación de Postgrado y de Continuación en el Hospital McLean y catedrático adjunto de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard. Es autor del libro <<Energía cerebral>>  publicado por Gaia ediciones y que comparto contigo, porque la teoría que desarrolla sobre las causas de las enfermedades mentales; para mí, tiene mucho sentido y puede ayudarnos a comprender y aceptar mejor este tipo de enfermedades; sobre las cuales, al desconocer sus causas siempre estuvieron rodeadas de un halo de misterio o de fuerzas ocultas.

Basándose en décadas de investigación, el Dr. Christopher M. Palmer desarrolla un nuevo y revolucionario enfoque que, por primera vez, unifica nuestro conocimiento sobre las enfermedades mentales en un único marco: el de los trastornos mentales como trastornos metabólicos del cerebro.

                De la lectura del libro te extraigo las respuestas a las siguientes preguntas, que espero despierten tu curiosidad sobre la obra del Dr. Palmer:

1. ¿Qué entendemos realmente por metabolismo?

2. ¿Cuál es la idea principal de la teoría de la energía del cerebro?

3. ¿Los trastornos mentales son realmente trastornos metabólicos?

4. ¿Si mejoramos el metabolismo y las funciones de las mitocondrias recuperando la energía cerebral mejorará nuestra salud mental?

5. ¿Cómo podemos devolver la salud metabólica a toda la población?

1. ¿Qué entendemos realmente por metabolismo?

El ejemplo que nos pone el Dr. Palmer sobre la importancia de la energía que cada uno tenemos creo que es totalmente cierta:

<<Cuando el personal sanitario habla con la gente sobre cambiar sus conductas de salud (comer menos o hacer menos ejercicio), suelen obtener respuestas similares: <<Me cuesta demasiado>> o <<No tengo suficiente energía>>. Estas respuestas suelen encontrar casi siempre una fuerte reprobación. Se consideran excusas, señales de que no se está tomando el asunto suficientemente en serio o de falta de disciplina. Pero ¿es posible que, en lugar de excusas, respuestas como <<Me cuesta demasiado>> y <<No tengo suficiente energía>> sean en realidad pistas que nos aportan una información importante? ¿Podrían la inercia y la falta de motivación ser síntomas de un problema metabólico? ¿Sería posible que estas personas no tuvieran literalmente suficiente energía?

Resulta que no solo es posible, sino que hay abundantes pruebas de que es cierto. El metabolismo implica la producción de energía dentro de las células. Estas personas dicen la verdad. Realmente no tienen suficiente energía.

No es un problema de motivación. Es un problema metabólico.

Hemos pasado por alto un dato importante que nadie quiere tener en cuenta>>.

Palmer, C (2025) :<<Energía cerebral>> (pp. 73 y 74). Gaia ediciones.

2. ¿Cuál es la idea principal de la teoría de la energía del cerebro?

Al principio del libro se recogen elogios de médicos y científicos sobre la teoría de la energía cerebral que pueden sonarte de mi blog “Lecturas para compartir” y que aparecen en mis historias favoritas de Instagram como el Dr. Jason Fung (hhttps://www.instagram.com/stories/highlights/18011988323815437/) , el Dr. Mar Hyman (https://www.instagram.com/stories/highlights/18126001483497318/)  y el médico David Perlmutter (https://www.instagram.com/p/Cng2JetsQne/?img_index=1)  que junto a otros muchos avalan esta nueva teoría: 

                <<La siguiente observación, realizada en 1938 por los físicos Albert Einstein y Leopold Infeld, tiene una importancia crucial:

Crear una teoría nueva no es como destruir un establo viejo y erigir un rascacielos en su lugar. Se parece más bien a escalar una montaña, lo que nos permite acceder a vistas nuevas y más amplias y descubrir conexiones inesperadas entre el punto de partida y su rico entorno. Sin embargo, el punto del que partimos sigue existiendo y todavía podemos verlo, aunque parece más pequeño y forma una parte diminuta de la amplia perspectiva que hemos ganado a medida que íbamos dominando los obstáculos que encontrábamos en nuestra aventurada ascensión.

                Para que una nueva teoría se tome en serio debe incorporar lo que ya sabemos que es cierto. No puede limitarse a sustituirlo, sino que debe unir nuestro conocimiento y experiencias actuales para converger en una nueva perspectiva que ofrezca nuevos conocimientos.

                Los profesionales de la salud mental tienen varios campamentos en la base de la montaña de Einstein e Infeld. Algunos creen que las enfermedades mentales tienen base biológica y que surgen de un desequilibrio químico. Prescriben medicamentos porque han visto que funcionan. Otros se centran en cuestiones psicológicas y sociales. Ayudan a las personas a través de psicoterapia e intervenciones sociales porque han visto que estos tratamientos funcionan. Saben con certeza que determinados trastornos mentales implican cuestiones sociales; corregir estos problemas sin pastillas puede resolver el trastorno, al menos para algunos pacientes. En realidad, todas estas perspectivas son correctas. Que eso es así (y cómo) puede entenderse claramente desde el punto de vista de nuestra nueva teoría: La teoría de la energía del cerebro, que se basa en un concepto global: los trastornos mentales son trastornos metabólicos del cerebro.

                En el mundo médico, las nuevas teorías nos permiten comprender mejor las conexiones entre los tratamientos y los trastornos que actualmente no podemos explicar, nos ayudan a predecir con mayor exactitud los resultados de próximas investigaciones y también a desarrollar tratamientos más eficaces para el futuro. Y esto es lo que la teoría de la energía cerebral consigue para los trastornos mentales. Sin embargo, su impacto va más allá de la salud mental. Une disciplinas médicas que la mayoría de la gente considera que no están relacionadas: psiquiatría, neurología, cardiología y endocrinología. Y también otras. Todas ellas tienen también sus propios campamentos en la base de la montaña. A veces colaboran entre sí y los médicos ven las conexiones entre ellas, pero con demasiada frecuencia no es así. Un paciente puede visitar a un cardiólogo para que le recete medicamentos para el corazón, a un endocrinólogo que gestione sus recetas para la diabetes y a un psiquiatra para que le recete medicación para el trastorno bipolar sin que estos especialistas se comuniquen entre ellos. Tengo la esperanza de que la teoría de la energía del cerebro cambie esta situación y conduzca a una mejor colaboración entre especialidades y a una atención más eficaz e integral. Dado lo que ya hemos visto sobre las conexiones entre estos trastornos, este tipo de comunicación y colaboración parece lógico. Puede que pronto sea posible tratar o prevenir todas estas afecciones con un plan de tratamiento integrado>>.

Palmer, C (2025) :<<Energía cerebral>> (pp. 79 y 80). Gaia ediciones.

3. ¿Los trastornos mentales son realmente trastornos metabólicos?

El Dr. Christopher Palmer recoge evidencias científicas y relata casos clínicos que demuestran la absoluta relación entre los trastornos mentales y los trastornos metabólicos:

                <<Para demostrar, o al menos apoyar firmemente, la teoría de la energía cerebral, los próximos capítulos demostrarán que:

·         Se han detectado sistemáticamente anomalías metabólicas en las personas con trastornos mentales, incluso en las que aún no padecen trastornos metabólicos ya reconocidos de obesidad, diabetes o enfermedades cardiovasculares.

·         Esencialmente, todos los factores de riesgo de los trastornos mentales y metabólicos son los mismos. La lista incluye elementos biológicos, psicológicos y sociales, que van desde la dieta y el ejercicio, el tabaquismo, el consumo de drogas y alcohol y el sueño…hasta las hormonas, la inflamación, la genética, la epigenética y la microbiota intestinal. La lista se extiende también a las relaciones, el amor, el hecho de tener un  sentido y propósito en la vida y los niveles de estrés. Puedes aislar cualquiera de estos factores y comprobar que se han descubierto que aumenta el riesgo de padecer trastornos metabólicos y mentales.

·         Cada uno de estos factores de riesgo puede vincularse directamente al metabolismo.

·         Todos los síntomas de los trastornos mentales pueden relacionarse de un modo directo con el metabolismo o, más concretamente, con las mitocondrias, que son las reguladoras maestras del metabolismo.

·         Es probable que todos los tratamientos actuales en el campo de la salud mental, incluidas las intervenciones biológicas, psicológicas y sociales, actúen influyendo sobre el metabolismo.

A medida que vayamos analizando estas líneas de evidencia, no solo quedará claro que los trastornos mentales son realmente trastornos metabólicos del cerebro, sino también por qué este dato es importante y qué significa para el tratamiento>>.

Palmer, C (2025) :<<Energía cerebral>> (pp. 80 y 81). Gaia ediciones.

4. Si mejoramos el metabolismo y las funciones de las mitocondrias recuperando la energía cerebral, ¿mejorará nuestra salud mental?

En la tercera parte del libro el doctor encaja los factores de riesgo (causas coadyuvantes, lo llama él), síntomas y tratamientos de varias enfermedades mentales con las disfunciones y tratamientos metabólicos y mitocondriales. Para ilustrar mejor este encaje nos cuenta varias historias de éxito de los tratamientos que realizan en su clínica:

<<La teoría de la energía del cerebro supone un avance significativo que por fin conecta todos los puntos para darnos una imagen más clara de las enfermedades mentales. La ciencia y la evidencia se integran en un solo marco que unifica las teorías biológicas, psicológicas y sociales de este tipo de enfermedades. Cuando asumimos la idea de que los trastornos mentales ya no son síndromes, sino problemas metabólicos del cerebro, salen a la luz soluciones nuevas. Necesitamos recuperar la energía cerebral normalizando el metabolismo y el funcionamiento de las mitocondrias. Cuando lo hacemos, los síntomas de las enfermedades mentales comienzan a solucionarse.

La buena noticia es que este nuevo enfoque nos permite aplicar los tratamientos existentes de una forma más eficaz y sugiere opciones novedosas a las que ya tenemos acceso, como todos los tratamientos que te he mostrado en este libro. No hace falta esperar años antes de probarlas. Esto no significa que lo que tenemos en este momento sea suficiente, no todas las intervenciones van a funcionarle a todo el mundo y necesitamos más investigación y tratamientos adicionales. Sin embargo, ahora que hemos conectado todos los puntos e identificado el problema central, nos resultará inmensamente más fácil encontrar tratamientos nuevos. Es un problema  que ahora puede resolverse con ciencia e investigación, que ha dejado de ser un misterio abstracto a la espera de un milagro.

Una vez que empezamos a ver todos estos trastornos a través de la lente del metabolismo y las mitocondrias, las posibilidades de mejora son infinitas. Podemos desarrollar herramientas diagnósticas para evaluar la salud metabólica de las personas. Podemos desarrollar estrategias y métodos terapéuticos basados en la evidencia para abordar la disfunción metabólica y mitocondrial. Podemos centrarnos en conocer mejor los efectos de las medicaciones, el alcohol, el tabaco, las drogas recreativas, las dietas y los alimentos y las toxinas sobre las mitocondrias y el metabolismo.

Palmer, C (2025) :<<Energía cerebral>> (pp. 307 y 308). Gaia ediciones.

5. ¿Cómo podemos devolver la salud metabólica a toda la población?

Y como despedida de este artículo recojo todas las buenas intenciones del Dr. Christopher Palmer para mejorar nuestra salud y bienestar: 

<< ¡Necesitamos grandes cambios! Necesitamos equipos de salud multidisciplinares que colaboren para devolver la salud metabólica a la gente. Deben incluir médicos, enfermeras, psicoterapeutas, trabajadores sociales, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, farmacéuticos, dietistas, entrenadores personales, entrenadores de salud y bienestar y muchos otros profesionales. Los seguros de salud deben cubrir algunos de estos costes. Las industrias biotecnológicas y farmacéuticas tendrán que afrontar  el desafío de desarrollar terapias más eficaces. Los gobiernos tienen que implicarse. Necesitamos  financiación para investigaciones sobre todo trabajo y paridad para los servicios de salud mental. Es posible que nuestra vida cotidiana también incorpore toxinas metabólicas que deben ser reguladas o eliminadas. Y, por supuesto, todos y cada uno de nosotros debe cumplir su parte. Necesitamos grupos de autoayuda, grupos de apoyo e iniciativas de defensa. Necesitamos una sociedad justa, equitativa, compasiva, pacífica y cooperativa. Necesitamos asegurar que todo el mundo tenga la oportunidad de vivir una vida plena. La gente necesita sentirse segura. También le beneficia sentirse respetada. Evidentemente, todo esto resulta más fácil de decir que de hacer. En muchos aspectos, representa una utopía. Todos sabemos que se tardará un tiempo en conseguirlo. De todas formas, no tenemos que alcanzar esa utopía para empezar a hacer algo.

Por tanto, acudo a ti y te pido ayuda. Para convertir esta esperanza en realidad necesitamos un movimiento comunitario. Así como ha habido movimientos para luchar contra el sida y el cáncer de mama, también necesitamos desesperadamente uno que exija cambios radicales en la forma de entender y tratar las enfermedades mentales. Educar e informar a la gente requerirá tiempo y esfuerzo. Tú puedes colaborar difundiendo la teoría de la energía del cerebro. Este movimiento os necesita a ti, a tus amigos y a tu familia. No lo pido para mí, sino en nombre de las muchísimas personas que sufren una enfermedad mental a solas y en silencio; en nombre de los que suplican unos tratamientos más eficaces y una vida mejor; en nombre de los que sufren a diario el tormento de los síntomas mentales; en nombre de los que han perdido toda esperanza; en nombre de todas las personas que siguen escondidas en su casa por la vergüenza y la humillación que le provoca el estigma de las enfermedades mentales y en recuerdo de los muchísimos que no pudieron aguantar y ya no están con nosotros. Vamos a pone fin a todo este sufrimiento de una vez por todas, No desperdiciemos ni un día más.

Por favor, visita la página web www.brainenergy.com para aprender más y comenzar a colaborar.

    Palmer, C (2025) :<<Energía cerebral>> (pp. 308 y 309). Gaia ediciones.

Desde luego, sería muy interesante poder encontrar en España servicios médicos integrados, que tratasen nuestra energía metabólica y mitocondrial de forma rutinaria. Pero la distancia que existe entre las publicaciones de divulgación científica, como las del Dr. Christopher Palmer, y los servicios médicos que nos rodean es enorme; pero a mí me encanta compartir contigo el camino a recorrer para acortar esa distancia.

    Con mucho cariño.

    Paulino

jueves, 4 de junio de 2026

Homo imperfectus

La traumatóloga Inés Moreno Sánchez (Granada 1987) es la autora de << Homo imperfectus. Cómo hemos saboteado millones de años de evolución>>  y es una de las voces de referencia en divulgación científica con su perfil @latraumatologageek en el que reúne a cientos de miles de seguidores por su estilo accesible y divertido. Estudió Telecomunicaciones, antes de convertirse en médica, lo que le permite aplicar la física y la biología evolutiva para explicar cómo funciona el cuerpo humano.

Las dos pinceladas que te extraigo de este libro tan divulgativo y divertido son:

                1. EL PORQUÉ DEL PORQUÉ

                2. LA GUERRA DE LOS PIES OLVIDADOS

EL PORQUÉ DEL PORQUÉ

            En  la introducción del libro, Inés nos explica el propósito de su libro y de cómo la curiosidad y el conocimiento pueden ayudar al lector a tener una buena salud:

 “Esto no es un libro de medicina al uso. Es la historia de cómo llegaste hasta aquí, de los accidentes evolutivos que te hicieron humano y de las decisiones desesperadas que tomaron tus ancestros cuando la alternativa era la extinción.

Mi propósito con este libro —y con todo lo que hago como La traumatóloga Geek— es precisamente ese: darle respuesta al niño curioso que llevamos dentro. Hablar de medicina, sí, pero también de evolución, de cultura, de amor y de miedo. De huesos que se adaptan, ideas que se rompen y milagros que huelen a ciencia.

                Pido disculpas de antemano: soy médica… y un poco ingeniera. No historiadora, ni antropóloga, ni bióloga evolutiva. Pero bebo de fuentes que admiro profundamente: Jared Diamond, Marvin Harris, Juan Luís Arsuaga, Juan José Millas, José Miguel Mulet, Jürgen Thorwald, Noah Harari, Siddartha Mukherjee… y otros que seguro olvido mencionar. He hecho todo lo posible por evitar errores, aunque alguno se habrá escapado. Como cuando en redes dije <<maraña>> en vez de <<plexo>> y me llovieron neurólogos indignados. A veces simplifico, lo sé. Pero prefiero que me entiendas con una sonrisa a que cierres el libro con cara de Wikipedia.

                Vas a saber más de tu cuerpo que la mayoría de la población. Y con ese conocimiento, dejarás de caer en trampas, de hacerte daño sin querer y de sabotear años de selección natural porque alguien en Internet dijo que era ancestral. Lee esto y conviértete en alguien que entiende la máquina que habita. O no lo leas y sigue viviendo en la ignorancia más cómoda.

                Vivimos una época privilegiada. Los antibióticos tienen menos de un siglo, los antidiabéticos orales ni eso. Mi especialidad, la traumatología, apenas cuenta con unos pocos siglos, y las prótesis —esas joyas del siglo XX— nacieron hace dos telediarios. Hoy damos por sentado lo que hace nada era impensable. Y eso merece un poco de gratitud, y mucha perspectiva.

                Este libro es mi manera de decir gracias. A los hombres y mujeres que se jugaron la vida por entender la nuestra. A la evolución, que con sus torpezas y genialidades nos trajo hasta aquí.

                Y a ti, que sigues teniendo curiosidad, que preguntas, que quieres saber por qué… y el porqué del porqué. Estás a punto de leer el resultado de muchos meses de trabajo y años de lectura. Pero, sobre todo, estás frente a un sueño cumplido: el de una traumatóloga que quiso contar historias y acabó descubriendo que la curiosidad también cura. Con rigor, humor y con mucho cariño”.

Moreno, I. (2026): <<Homo imperfectus. Cómo hemos saboteado millones de años de evolución>> (pp. 13 y 14). Espasa.

LA GUERRA DE LOS PIES OLVIDADOS 

En ese capítulo que selecciono, Inés compara la historia pasada de Thomas, un soldado del frente Somme de la primera guerra mundial que sufrió el mal del <<pie de trinchera>> con Antonio, un taxista que atendió en la consulta de urgencias:

“Entra un hombre de cincuenta y ocho años. Viene solo, cojea ligeramente, lleva una sandalia en el pie izquierdo y el zapato en el derecho. Se llama Antonio. Es taxista. Diabético tipo 2 desde hace doce años, mal controlado porque <<los médicos siempre exageran>>.

—Doctora, es una tontería. Un roce del zapato. Lleva un mes y no se cura. Mi mujer dice que venga, pero yo creo que es una exageración.

           Le pido que se quite el calcetín.

           El olor llega antes que la imagen. Dulce, pútrido, inconfundible. Una mezcla de azúcar caramelizado y carne podrida que ningún ambientador puede disfrazar. He olido esto cientos de veces. Sé exactamente qué voy a encontrar.

           Retiro el calcetín con cuidado. La piel del pie está macerada, blanquecina en algunas zonas, violácea en otras. En el dedo gordo hay una úlcera profunda, del tamaño de una moneda de dos euros. Los bordes son necróticos. El hueso se ve en el fondo.

— ¿Le duele?

—No mucho. Es raro, ¿no? Tiene mala pinta, pero no duele.

Ahí está el problema. No duele

Toco el pie con un monofilamento. Es una hebra de nailon que ejerce diez gramos de presión. Si lo sientes, tus nervios funcionan. Si no… Antonio no siente nada. Ni en el dedo gordo, ni en el segundo, ni en el tercero. Apoyo el monofilamento en la planta del pie con más fuerza. Nada. Es como tocar a un muerto.

—Antonio, ¿cuándo fue la última vez que se miró los pies?

Se encoge de hombros.

—No sé. No tengo costumbre.

— ¿Cada cuanto se mira la cara en el espejo?

—Pues… todos los días, supongo.

—Pero los pies no.

—No

Miro a Antonio y veo a Thomas. Cien años de distancia con el mismo enemigo. En 1916, miles de soldados perdieron los dedos de los pies en las trincheras. No por balas, sino por no sentir que sus pies se estaban pudriendo hasta que era demasiado tarde. No está en una trinchera, pero su cuerpo libera la misma guerra.

[…]

Le explico todo esto a Antonio. Que necesitamos ingresarlo. Que la úlcera es profunda, que el hueso está expuesto, hay osteomielitis. Que vamos a intentar salvar el dedo, pero que es probable que tengamos que amputar.

—Pero si no me duele —repite, como si el dolor fuera la única medida válida del daño.

—Justo por eso. Porque no duele. El cuerpo debería estar gritando. Pero los nervios están muertos, Antonio. La diabetes los mató.

La diabetes ataca los nervios igual que el barro atacó a Thomas: lentamente, sin testigos, hasta que es tarde. La glucosa carameliza las proteínas nerviosas mientras estrecha los vasos que las alimentan. Doble asesinato: los quema desde adentro y los asfixia desde fuera. Los nervios más largos caen primero. Por eso empiezan los pies.

Y hay algo más.

— ¿Ve esta zona de aquí? —Le señalo la planta del pie— Aquí hay una red de venas. Se llama suela venosa de Lejars. Es como un corazón extra en cada pie. Cada vez que pisa, comprime esas venas y expulsa la sangre hacia arriba, venciendo la gravedad. Sin eso, la sangre se estanca. Y sin sangre fresca, las heridas no curan.

— ¿Y qué tiene que ver eso conmigo?

—Que la diabetes destruye esas venas también. Las endurece. Las calcifica. Un diabético necesita presiones de 90-120 mmHg para vaciar ese plexo venoso, cuando una persona sana lo consigue con 60 mmHg. Sus venas son como tuberías oxidadas. No fluyen. Y sin flujo, no hay curación.

Doble asesinato perfecto: pierdes la sensibilidad para sentir el daño y pierdes la bomba venosa para repararlo. El enemigo ataca por dos flancos a la vez.

Antonio mira su pie como si lo viera por primera vez.

[…]

           Consulta de revisión, tres meses después. Antonio entra cojeando. Lleva una ortesis especial que diseñamos para redistribuir la carga del pie. Se ha comprado un glucómetro y lo usa tres veces al día. Ha perdido ocho kilos. Las cifras de glucosa están bajo control por primera vez en una década.

             — ¿Cómo van los pies?

             —Miro. Todos los días. Como usted dijo. Los miro como me miro la cara.

             Me enseña el pie operado. La cicatriz está limpia, rosada, bien cerrada. No hay signos de infección. El muñón está perfectamente integrado. Es una buena cirugía. Pero sigue siendo una amputación.

              — ¿Le duele?

              —A veces. Por las noches. Como si los dedos que no están se quejaran.

              Dolor fantasma. El cerebro buscando señales en cables que ya no existen

              — ¿Y el otro pie?

              Se quita el zapato. Me enseña las plantas. Limpias. Secas. Sin úlceras nuevas. Pero la piel sigue teniendo esa textura rara de la neuropatía avanzada. Zonas brillantes donde la sudoración ya no funciona. Callosidades en puntos de presión anómalos.

             — ¿Voy a tener dolor siempre?

             Podría mentirle…

            —Probablemente sí. El daño nervioso es permanente. Pero si controla el azúcar, si mira los pies todos los días, si usa calzado adecuado… puede evitar que sea peor. Puede evitar perder el otro pie. O la pierna.

             — ¿Y si no lo hago?

             —Entonces acabará como los soldados que no llegaron a casa.

            Se queda callado un momento. Luego dice algo que me sorprende.

             —Busqué en internet pie de trinchera. Vi fotos. Parecían mis pies.

            —Lo eran. Son la misma lesión. Solo que a usted se la causó el azúcar y a ellos, el barro.

[…]

Hoy cada treinta segundos alguien pierde una extremidad por diabetes. Más amputaciones que en toda la Primera Guerra Mundial, pero invisibles, olvidadas. Tampoco sale en las noticias. Antonio sigue vivo. Dos dedos menos. Una lección aprendida tarde. Thomas murió con los pies ardiendo cada invierno durante cuarenta y ocho años.

          Vivimos obsesionados con el rostro perfecto. Nos ponemos cremas antiarrugas y tratamientos de belleza que cuestan un riñón. Pero mientras tanto, nuestros pies envejecen en silencio. Nadie se mira los pies como se mira la cara. Nadie se pregunta si la piel está bien, si la sensibilidad es normal, si hay heridas pequeñas que podrían ser el principio de algo peor.

          Y así es como la guerra se pierde: en silencio, mientras miramos hacia otro lado. Mira los pies como te miras la cara. Todos los días. Busca heridas, cambios de color, zonas de piel rara. Si eres diabético, hazte el test del monofilamento cada año. Si notas cosquilleo, ardor o anestesia en los dedos, no esperes. Si tienes una herida que no cura en dos semanas, no es normal.

        Los pies son el centinela olvidado de tu salud. Cuando dejan de hablar, el cuerpo empieza a morir. Thomas lo aprendió en las trincheras del Somme. Antonio lo aprendió en urgencias. Y tú puedes aprenderlo ahora>>.

Moreno, I. (2026): <<Homo imperfectus. Cómo hemos saboteado millones de años de evolución>> (pp. 35, 36, 44, 45, 48 y 49). Espasa.

         Además de este capítulo, hay otras nueve en los que habla de la leche, el trigo, la patata, la sal, la vitamina D, el parto, el hombre como ser social y el incesto, entre otros temas. La mayoría de las historias, estudios y casos que cuenta te van a sorprender por lo curiosos que son y por las enseñanzas actuales que saca de ellas.

Con mucho cariño.

Paulino

lunes, 9 de marzo de 2026

Las palabras de la bestia hermosa

El Dr. Lahera acaba de publicar: <<Las palabras de la bestia hermosa. Breve manual de psiquiatría con alma>> en Ediciones Debate y esta es la reseña biográfica que aparece en su libro:

<<Guillermo Lahera Forteza (https://www.instagram.com/guillermolaherapsiq/) ( Madrid, 1976) es profesor titular de Psiquiatría en la Universidad de Alcalá y jefe de sección en el Hospital Universitario Príncipe de Asturias. Es doctor en Medicina con Premio Extraordinario y ha publicado, en numerosas revistas internacionales, más de un centenar de artículos sobre las emociones, la cognición social y los trastornos mentales. Es editor jefe de The European Journal of Psychiatry y colaborador habitual de El País>>

Lahera, G. (2024): <<Las palabras de la bestia hermosa. Breve manual de psiquiatría con alma>> (solapa interior de la portada). Debate.

El Dr. Lahera da la voz y la palabra a siete de sus pacientes, los que con sus relatos nos aproximan al conocimiento de diferentes trastornos mentales graves como la psicosis, la personalidad paranoide, el trastorno bipolar, la depresión grave… y otros trastornos menos graves que configuran la vida de estas personas y sus entornos familiares y sociales.

Los cuatro temas que desarrollo espero que te ayuden a conocer la obra del Dr. Lahera y a despertar tu curiosidad sobre las enfermedades mentales y su afrontamiento:

1. El Dr. Lahera persigue dos intenciones con la publicación de su libro.

2. El caso clínico que más me emocionó fue el de su padre.

3. El modelo psiquiátrico propuesto por el Dr. Lahera.

4. Conoce el relato de cada paciente dentro de su entorno social.

1. El Dr. Lahera persigue dos intenciones con la publicación de su libro

Bajo este primer título se enuncian los diferentes aspectos que se tratan en esta obra:

 <<El trato constante con personas que sufren trastornos mentales ha constituido para mí un profundo aprendizaje acerca de la vida. Mi intención con este libro, por tanto, es doble: primero, relatar lo que pasa en una consulta de psiquiatría, descubrir la riqueza de los síndromes clínicos, ilustrarlos con casos reales que he podido tratar directamente, corregir el bulo de que todos los psiquiatras nos limitamos a escuchar como pasmarotes y a dar pastillas (¡qué desastre!), reflexionar en voz alta acerca del devenir histórico de nuestra curiosa especialidad médica. También contar cómo son las palabras que utilizan las personas que están en ese límite, el del sufrimiento psíquico causado por un trastorno mental. Las palabras para expresar lo inefable, la última vida del lenguaje… Pienso además que la divulgación de los conceptos de psiquiatría puede tener un efecto preventivo, para detectar tempranamente signos de alarma, identificar factores de riesgo y de protección, comprender y, especialmente, empatizar más con las personas afectadas.

[…]

Los casos clínicos no son exhaustivos ni una demostración canónica de cómo deben ser tratados los pacientes con trastornos mentales (aclaremos de entrada que el subtítulo del libro, Manual de psiquiatría, es irónico); son más bien pinceladas narrativas de unas vidas cargadas de emoción y sufrimiento, a las que simplemente traté de ayudar.

                En segundo lugar, he querido aproximarme a la mente humana a través de la enfermedad mental. Clarum per obscurius, <<la claridad a través de la oscuridad>>. Cuántas veces me he quedado anonadado ante alguna respuesta de un paciente y he pensado: <<He aquí el quid de la cuestión>> —la memoria autobiográfica, la búsqueda de sentido, la necesidad de vínculos, el amor…—. Abordaremos a veces las anomalías del cableado cerebral que subyacen a algunos de estos trastornos y, en otras ocasiones, hablaremos de la importancia de los factores familiares y sociales. Va a ser inevitable asumir la complejidad de la mente humana y huir de reduccionismos>>.

Lahera, G. (2024): <<Las palabras de la bestia hermosa. Breve manual de psiquiatría con alma>> (pp. 19 y 20). Debate.

2. El caso clínico que más me emocionó fue el de su padre

El título de cada capítulo corresponde al caso clínico que desarrolla y el del capítulo siete es: <<Jesús, el profesor de Física>>, resultando ser sobre su padre, donde nos cuenta su trastorno y su relato más personal. Lo que más me llamó la atención de este capítulo son las diversas hipótesis que el doctor construye buscando el origen del trastorno de su padre y, que es algo, que pienso que hacemos todos cuando nos enfrentamos a los trastornos mentales:

 <<Durante la grave depresión de mi padre asistí a una reorganización familiar a mi alrededor. Mi querido hermano, ya un prometedor jurista, se fue a cursar una beca en Francia y, cuando volvió, seis meses después, creyó que no había pasado nada. Mi madre, también profesora de Física, previamente investigadora del CSIC, era —y es— una persona brillante, luminosa. Aún ahora, a los ochenta y siete años, nos aporta luz a los demás: una razón poderosa, fe en el sentido de la vida, confianza en lo mejor que puede sacar de sí una persona. Eso sí, es muy exigente consigo misma, con los demás y con la vida en general; descarta a su alrededor la posibilidad de la vulgaridad o la bajeza (aunque sea algo que no explicita). No expresa el sufrimiento a través del lamento —porque nunca pierde la esperanza— y eso puede inducir al error de creer que no sufre. Mi padre se había enamorado en su día de esa luz tan potente que deslumbraba y que provenía de una isla del Mediterráneo. Descendía de una destacada estirpe de chuetas, judíos conversos mallorquines, y de catalanes, y era muy guapa (sé que parezca que tenga complejo de Edipo, pero existen documentos que acreditan esta afirmación). Maravillosa para tantas cosas, quizá le resultó demasiado ajeno lo que era una depresión. Habituada a la esperanza, no pareció entender la desesperación. Se oían los sollozos en la habitación y me decía: <<Este padre tuyo, que ahora está así…>>. La apariencia de esa fortaleza invulnerable escondía un lacerante desconcierto. Y mi hermana Ana, profesora de Literatura, parecía desvastada por la misma depresión de mi padre, como en un espejo. Sufriendo lo que él sufría, acaso anticipando que si no se curaba pronto, ella podría enfermar también. Mi padre era un pilar demasiado central para ella, una columna maestra, como se dice, sin la cual corría el riesgo de desmoronarse. Entonces todos me miraron a mí, estudiante de Medicina, psiquiatra en ciernes pero muy peliculero, y tragué saliva e hice lo que pude, inundado por la congoja (que aún me dura).

                El psiquiatra que salvó a mi padre se llamaba doctor Campoy y, sin conocerlo, se incorporó a nuestro íntimo círculo familiar.

[…]

        ¿Por qué vino la depresión de mi padre? ¿Y por qué se fue? Jesús había nacido en un pequeño pueblo de Teruel, su padre era maestro de escuela y su madre pertenecía a los <<riquitos>> del pueblo, que en realidad eran bastante pobres. La Guerra Civil hizo bastante estropicio: dos hermanos del maestro fueron fusilados por el bando nacional, por estar afiliados a un sindicato; un hermano de la madre tuvo que huir campo a través, perseguido por los milicianos anarquistas que habían ganado el pueblo y querían darle el paseo; la iglesia donde Jesús había sido bautizado fue quemada y su inconveniente nombre religioso fue sustituido en el registro por <<Stalin>> (anécdota increíble pero real); un tío socialista fue asesinado por los comunistas por no ser suficientemente de izquierdas. De esa santa guerra española, la familia Lahera Claramonte salió traumatizada, como es lógico, igual que el resto del país. Malvivieron durante la posguerra y en los años cincuenta emigraron a Castellón, entonces una ciudad en desordenada construcción. En una noche mil veces rememorada, el niño Jesusín y su hermana Lola, tras cruzar en carromatos la sierra de Morella, llegaron a las grandes avenidas de Castellón (Burriana, Herrero, Ronda de Millares) y se perdieron. Durante un tiempo indeterminado, los dos niños deambularon solos por la ciudad desconocida y amenazante, imagino que temiendo haberse perdido para siempre. El maestro los encontró y los reprendió con dureza, y ellos comprendieron súbitamente que su infancia feliz del campo se había acabado. La profesión de maestro, entonces estaba mal remunerada y se decía: <<Pasas más hambre que un maestro de escuela>>, lo que obligó al padre a dar clases particulares y, aun así, a sobrellevar muchas estrecheces. El maestro vivía entregado a sus alumnos (debía de dar muy bien las clase, según cuentan, a la manera del profesor de Corazón, de Edmundo de Amicis), pero en casa se mostraba retraído, constreñido por las dificultades económicas, con acusados escrúpulos de limpieza, que quizá constituían un TOC encubierto. La que salvaba la situación familiar era la madre, que conseguía rescatar la alegría de ese ambiente lúgubre, querer profundamente a sus hijos y preparar unos fabulosos pasteles con ingredientes que parecían surgir de la nada. Cuando Jesús cumplió trece años, la madre murió de forma repentina de un cáncer digestivo, dejando un hogar desolado. Esa muerte, esa temprana pérdida de la ternura, ¿explica la depresión?

                La salida llegó por los estudios. Jesús fue constatando, a veces pasmado, que era mucho más inteligente que sus compañeros. Descubrió que los profesores le preguntaban justo cuando llegaba el inspector a clase, para lucirse ante la autoridad del brillante alumnado que tenían. No bajó del diez hasta llegar al preuniversitario y, en el instituto, se le consideraba una auténtica promesa. Pero el portento cognitivo —la prodigiosa memoria— no lograba esconder graves inseguridades personales, baja autoestima, profunda añoranza de su madre y una lealtad férrea al sombrío ambiente familiar. ¿Fue quizá ese desajuste entre las emociones y su capacidad intelectual, entre sus potencialidades y la lealtad al origen, la causa última de la depresión?

         Estudió Física con brillantez y consiguió una cátedra en la Escuela Normal a los veinticinco años. Conoció a mi madre y decidió dejarse arrebatar por la luz del Mediterráneo y vivir un destino que no tenía marcado ni en el pueblo ni en el modesto piso de Castellón. Nuevamente, ¿quizá hubiera sido mejor seguir el camino trazado, enroscarse en la cotidianeidad? ¿O, por el contrario, como alguna vez escuché, la depresión vino por no soltar amarras, lastre, dejar atrás los secretos familiares, las estrecheces, el apego a la tristeza?

        Podríamos seguir. La depresión pudo venir de una expectativa profesional no cumplida del todo, de las dinámicas destructivas del departamento universitario que dirigía (los departamentos, de todas formas, deberían ser objeto de estudio psicopatológico, dada su explosiva concentración de trepas, envidiosos y narcisistas, muchas veces peligrosamente ociosos), o pudo venir de la relación con mi madre o de tener tres hijos que nunca parecían entender del todo la teoría de la relatividad. Qué sé yo. El caso es que a los cincuenta y tres años empezó a notar que su cerebro estaba bloqueado, su cuerpo inmóvil y que le costaba hasta respirar, ya no digo hablar, dar clase y planificar el curso. Quizá debido al influjo de su vocacional padre no dejó de acudir a la universidad ni un solo día, ni siquiera en la fase más aguda de la enfermedad. Iba desaseado, sonado, al parecer ponía  los alumnos algún vídeo o les musitaba algún concepto físico que expresaba por inercia, rescatado de sus tiempos de niño prodigio en bachillerato. Creo que algún bedel le ayudó en alguna clase, el espectáculo debió de ser penoso. Fue lo que llamamos un triste caso de “presentismo laboral” (acudir al trabajo cuando no se está en condiciones de hacerlo), lo contrario al —más extendido— absentismo.

        Y mi padre se curó, perdonadme, con la paroxetina. El doctor Campoy, de formación psicoanalista, curtido en mil historias sobre la pérdida del instinto vital y el impulso de Tánatos, le puso paroxetina, y al cabo de seis semanas mi padre estaba fuera de ese inmenso pozo de muerte. En los años siguientes, nunca bromeó con quitarse “las pastillita”, no quería asomarse a la posibilidad de volver a caer ahí. Disfrutó de las peripecias vitales que fueron llegando, compró con mi madre una casa en Mallorca, escribió libros, se derritió con los primeros pasos de sus nietos, siguió muy de cerca a su hija Ana, que ya estaba contenta y a veces le rememoraba a su madre, que se había ido tan pronto. Conmigo siempre tuvo una gran complicidad (me llamaba Mo), acaso porque lo cogí de la mano en plena depresión, cuando quería marcharse>>.

Lahera, G. (2024): <<Las palabras de la bestia hermosa. Breve manual de psiquiatría con alma>> (pp. 220-225). Debate.

3. El modelo psiquiátrico propuesto por el Dr. Lahera

La reforma psiquiátrica tiene que ser una reforma integradora:

           <<Tenemos pendiente completar la reforma psiquiátrica, pero nunca basada en la negación de la enfermedad mental (la eterna tentación) ni en el bucle melancólico de la antipsiquiatría (consistente en cerrar los manicomios que ya no existen). Una reforma basada en el simple reconocimiento de que coexistir con un trastorno mental dificulta mucho desarrollar un proyecto vital y alcanzar unos niveles mínimos de bienestar y calidad de vida, por lo que son precisos más apoyos. Sería una reforma integradora, que considerase por igual los innegables aspectos biológicos de la enfermedad, los factores culturales y los ambientales y en la que primase el sujeto, con su biografía, sus palabras, su propia voz. ¿Cómo puede colaborar la sociedad para paliar las limitaciones producidas por el trastorno mental grave? Para empezar, proporcionando tratamientos óptimos, integrales, eficientes, con un despliegue de recursos sociocomunitarios que trasladen a la realidad el mensaje de la integración total. Promoviendo la psicoterapia como pilar fundamental de la asistencia. Con equipos multiprofesionales que no operen al límite de sus fuerzas, flirteando siempre con el burnout, con angustiosas y terribles listas de espera, como hasta ahora. Con medios suficientes en las Urgencias y en las unidades de agudos que destierren para siempre las medidas de contención física. Como plantearía John Rawls con su famoso velo de la ignorancia, debemos contemplar el debate acerca de la salud mental considerando que algún día nuestro hijo adolescente puede necesitar una cita urgente con el psiquiatra, que nuestro padre con Alzheimer puede necesitar plaza en una residencia, o que uno mismo puede ser diagnosticado de trastorno bipolar, TOC o depresión mayor. Entonces organizaríamos las cosas de otra forma>>.

        Lahera, G. (2024): <<Las palabras de la bestia hermosa. Breve manual de psiquiatría con alma>> (pp. 231 y 232). Debate.

4. Conoce el relato de cada paciente dentro de su entorno social

En los relatos de los diferentes pacientes, el Dr. Lahera nos describe su bestia particular y cómo podríamos empezar a derrotarla:

            <<He aprendido que trabajar con personas que sufren un trastorno mental no implica solo reducir la intensidad de los síntomas a través de los fármacos o la psicoterapia. A menudo eso ayuda mucho. Pero lo más importante es favorecer que el paciente recupere su sentido de agencia —su capacidad para tomar decisiones—, infundirle esperanza y construir con él un relato que dé sentido y propósito a su experiencia, en ocasiones muy dura. Pienso en Julián, el poeta; en Leonor y en su bíblica deriva final; en Kevin, que ha conseguido volver a sus pillerías; en el acumulador José, barroco en su habla e insólitamente promiscuo en su intimidad; en Cecilia y en los surcos de sus lágrimas; en Ahinoa, compañera de generación y víctima de la brutalidad impune; en mi padre, que me enseñó la teoría de la relatividad. Nuestro trabajo es exactamente lo contrario de encerrar al paciente en un sanatorio y tirarle las cartas que escribe a la basura. Es acercarnos a esa persona, leer sus cartas (que siempre están ahí, aunque tenemos que encontrarlas y saber leerlas) y aprender de lo que cuentan. Todo consiste en aproximar dos extremos de una cuerda. Primero tirar del hilo del paciente: tratar los síntomas, construir con él un sentido, dotarle de recursos para su recuperación. Luego, tirar del hilo de la sociedad: acercarse a la vivencia íntima de la enfermedad mental con empatía, comprensión y sensibilidad. Los extremos pueden unirse y conectarse. Entonces, quizá, empezaremos a vernos capaces de derrotar a la bestia>>.

            Lahera, G. (2024): <<Las palabras de la bestia hermosa. Breve manual de psiquiatría con alma>> (p. 236). Debate.

Y como despedida, querido lector/a te traigo ese párrafo que me gustaría haber encontrado  hace muchos años, cuando decidí escribir una carta de dos folios, sobre los tres estados conductuales de mi hermana para que el psiquiatra la conociera bien y acertase con su medicación:

<<¿Y qué funciona en el trastorno bipolar, qué puede ayudar al paciente? La mejor respuesta es la que da Kay R. Jamison, experta en la materia y paciente ella misma, en su maravilloso libro Una mente inquieta: la medicación “impide mis seductores pero desastrosos estados maníacos, disminuye mis depresiones y limpia de polvo y paja el desorden de mis pensamientos, […] me mantiene viva y no hospitalizada>>. Pero la psicoterapia <<inefablemente, cura>>, <<logra que la confusión tenga sentido, limita los afectos y los pensamientos aterradores, restituyendo algún control, alguna esperanza, permitiendo aprender de ellos>>. No hay que elegir entre papá y mamá, entre la medicación y la psicoterapia, entre los factores biológicos y los psicosociales; una mirada mínimamente profunda a la enfermedad mental debe incluirlos a ambos, entrelazados>>.

        El anterior párrafo en negrilla sería una maravillosa <<conclusión final>> con la que me identifico plenamente y que mucha gente, como los antivacunas no comparten.

        Lahera, G. (2024): <<Las palabras de la bestia hermosa. Breve manual de psiquiatría con alma>> (pp. 98 y 99). Debate.

Con mucho cariño.

Paulino

 

Vídeo de presentación del libro:

 (Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=diebQGBLZRo

domingo, 1 de febrero de 2026

El ayuno como estilo de vida

Te cuento un poco de los tres autores del libro <<El ayuno como estilo de vida. Descubre las claves para incorporar el ayuno intermitente a tu vida y disfrutar de sus beneficios para la salud y la pérdida de peso>>. Publicado por la editorial Sirio.

Sobre el Dr. Jason Fung  (https://www.instagram.com/drjasonfung/) te comento que es el autor del libro <<El código de la obesidad>> sobre el que puedes encontrar un artículo en el blog de Lecturas para compartir: https://paulino-iglesias.blogspot.com/2025/12/el-codigo-de-la-obesidad.html.

En el interior del libro del <<El ayuno como estilo de vida>> puedes encontrar esta breve reseña sobre sus tres autores:

<<Jason Fung es médico nefrólogo canadiense, asesora de forma empírica sobre la pérdida de peso y el control del azúcar en sangre, centrándose en las dietas bajas en carbohidratos y en el ayuno intermitente. Es editor científico del Journal of Insulin Resistance y director de la organización sin ánimo de lucro Public Health Collaboration.

Eve Mayer vive en Texas, es autora, conferenciante, humorista y empresaria. Durante toda su vida luchó para superar la obesidad, pero tras seguir dietas, terapias, sesiones de ejercicio y someterse a tres cirugías bariátricas, Eve encontró el bienestar duradero en la combinación del ayuno intermitente y la alimentación baja en carbohidratos.

Megan Ramos, investigadora clínica canadiense, experta en ayuno terapéutico y dietas bajas en carbohidratos, ha asesorado a más de catorce mil personas en todo el mundo y es cofundadora de Intensive Dietary Management y The Fasting Method (https://www.thefastingmethod.com/) . También es directora de la organización sin ánimo de lucro Public Health Collaboration y consejera editorial de Journal of Insuline Resistance>>.

Fung, J.; Mayer E.; Ramos M. (2022): <<El ayuno como estilo de vida>> (solapa delantera interior). Sirio.

   De este libro te extraigo seis subtítulos que pueden ayudarte a llevar un estilo de vida saludable y lleno de energía:

1. El papel del ayuno.

2. La hormona del hambre: la grelina.

3. Las hormonas contrarreguladoras.

4. Líbrate de la vergüenza.

5. Ayunar consiste en manipular el tiempo.

6. Haz ejercicio en ayunas.

1. El papel del ayuno

Yo espero, que si comprendemos todo lo que sucede cuando realizamos ayuno, nos anime a probarlo para mejorar nuestra salud y evitar las enfermedades crónicas, tal como explica el Dr. Fung:

<<Si pudiera resumir en una frase qué hace el ayuno, diría esto: el ayuno regula las hormonas. Es más que una dieta; restablece los controles internos del cuerpo, lo que permite quemar la cantidad correcta de energía para mantenernos con vida.

                Cuando no comemos (cuando ayunamos), los niveles de insulina disminuyen, y esto le indica a nuestro cuerpo que no hay más alimentos disponibles. Entonces, para sobrevivir las células utilizan el suministro de energía almacenada, ya sea en forma de glucógeno o, si se ha gastado completamente, en forma de grasa. Esta es la razón por la que no morimos mientras dormimos todas las noches, por la que podemos vivir unas horas, o unos días, o más tiempo, sin comer. El cuerpo es maravillosamente capaz de almacenar energía alimentaria y, después, encontrarla en su nevera o en su congelador para quemarla.

                Por lo tanto, es obvio que la solución más lógica para mantener estables los niveles de azúcar en sangre, y permitir que el cuerpo continúe usando su energía almacenada, es ayunar. Al no comer, permitimos que bajen los niveles de insulina, lo que le dice al cuerpo que ya no hay alimentos disponibles y que es hora de comer algunos alimentos que hay en la nevera (glucógeno) o en el congelador (grasa corporal). Perder peso y prevenir la diabetes tipo 2 (así como una serie de afecciones crónicas que detallaré en los capítulos siguientes) pasa por corregir el desequilibrio hormonal subyacente que causó el sobrepeso o la obesidad. Este desequilibrio hormonal es un nivel de insulina que se mantiene alto durante mucho tiempo>>.

Fung, J.; Mayer E.; Ramos M. (2022): <<El ayuno como estilo de vida>> (p.35). Sirio.

2. La hormona del hambre: la grelina

Siempre pensé que me entraba hambre cuando pasaba horas sin comer, el estómago quedaba vacío y empezaba a hacer ruido; sin embargo, con el nuevo paradigma de la regulación hormonal sobre el hambre resulta que esta surge porque mi cuerpo segrega una hormona llamada grelina, según se cuenta en el libro:

 <<¿Qué sucede con el hambre durante el ayuno? La gente siempre supone que el hambre aumentará hasta volverse inmanejable. La verdad siempre resulta sorprendente: el hambre tiende a disminuir durante el ayuno. ¿Por qué? Hay dos razones, y la primera tiene que ver con los dos medios por los cuales el cuerpo obtiene energía alimentaria.

                Durante el ayuno, el cuerpo pasa a obtener combustible de otra fuente: en lugar de seguir dependiendo de la glucosa en sangre (derivada de los alimentos) para obtener energía, comienza a quemar grasa corporal (que es energía alimentaria almacenada). El cuerpo entra en el denominado estado de cetosis. Cuando empieza la cetosis, el cuerpo tiene acceso a los cientos de miles de calorías almacenadas en la grasa. Lo estamos alimentando, dándole todo lo que necesita; por lo tanto, ¿por qué debería tener hambre?

                La grelina es la llamada hormona del hambre y, a diferencia del péptido YY y la colecistoquinina, incrementa el apetito. Por lo tanto, si quieres perder peso a largo plazo, tu cuerpo debe generar menos grelina. ¿Cómo puedes lograrlo? En un estudio, los sujetos realizaron un ayuno de treinta y tres horas, y les midieron la grelina cada veinte minutos.

                El nivel de grelina se encuentra en su punto más bajo hacia las nueve de la mañana. Según los estudios sobre el ritmo circadiano, el hambre también es menor a esa hora. En general, coincide con el final del período más largo del día durante el cual no hemos comido. Esto confirma el hecho de que el hambre no es solo el resultado de “llevar un tiempo sin comer”. A las nueve, llevamos unas catorce horas sin ingerir alimentos, pero es cuando tenemos menos hambre. La oleada de hormonas contrarreguladoras que se suscita antes del momento de despertar también tiene la función de calmar el apetito.

 […]

Los niveles medios de grelina disminuyen a lo largo de un ayuno de veinticuatro horas, lo que significa que no comer nada durante un largo período de tiempo nos hace sentir menos hambre. Esto también es válido en los ayunos prolongados. Un estudio reciente mostró que, a lo largo de tres días de ayuno, la grelina y el hambre disminuyeron gradualmente. Sí, lo has leído bien. Los sujetos del estudio tuvieron mucha menos hambre al no comer durante tres días. Esto concuerda perfectamente con nuestra experiencia clínica con clientes que han hecho ayunos prolongados.

 […]

                En conclusión, la mayoría de las personas que comienzan a ayunar se sorprenden al ver que su hambre no solo es manejable, sino que en realidad disminuye. Por lo general, dicen cosas como “creo que se me ha encogido el estómago” o “ya no puedo comer tanto”. Esto es perfecto. Porque si uno ya no tiene tanta hambre, está trabajando con su cuerpo para perder peso en lugar de luchar constantemente contra él. El ayuno intermitente y el prolongado, a diferencia de las dietas de restricción calórica, ayudan a solucionar el principal problema del aumento de peso: el hambre. La cantidad de grelina, la principal causa hormonal del hambre, disminuye con el ayuno, lo cual convierte el hambre en un problema manejable>>.

Fung, J.; Mayer E.; Ramos M. (2022): <<El ayuno como estilo de vida>> (pp. 60, 61 y 62). Sirio.

3. Las hormonas contrarreguladoras

Es curioso que mientras ayunamos, podríamos llegar a pensar que nuestro cuerpo se debilitase; pero, resulta que no solo no se debilita sino que se segregan unas hormonas muy beneficiosas para la salud de nuestros huesos y músculos:

<<Durante el ayuno tienen lugar otros cambios hormonales, y uno de ellos suele afectar más a las mujeres que a los hombres. Estoy hablando de la mayor producción de la hormona del crecimiento humano (HGH, por sus siglas en inglés).

                Durante el estado de ayuno, el cuerpo produce HGH, noradrenalina y cortisol en mayores cantidades. Son denominadas hormonas contrarreguladoras, y ayudan a aumentar el nivel de glucosa en sangre en aquellos momentos en los que esta no se puede obtener de los alimentos. La HGH, que es generada por la glándula pituitaria y secretada durante el sueño, es fundamental para el crecimiento saludable de los niños, pero también ayuda a mantener los músculos y la masa ósea de los adultos. Cuando un adulto no tiene suficiente en su organismo, puede desarrollar más grasa corporal y perder masa ósea y músculo.

                La secreción de HGH aumenta durante el ayuno. De hecho, según un estudio de 1988, ¡un ayuno de dos días puede ayudar a que el organismo produzca cinco veces más HGH!

[…]

Gracias a la HGH (hormona del crecimiento humano), unos músculos y una masa ósea más fuertes y resistentes son la guinda del pastel, aquello que te brindará un cuerpo más saludable, no solo más delgado>>.

Fung, J.; Mayer E.; Ramos M. (2022): <<El ayuno como estilo de vida>> (pp. 135 y 136). Sirio.

4. Líbrate de la vergüenza

A las personas obesas siempre se les echa la culpa de su situación porque comen mucho y hacen poco ejercicio; pero en este nuevo paradigma de la obesidad como desregulación hormonal comprendemos que esa obesidad no es algo tan simple y hay muchos otros factores que influyen en ella y que podemos empezar a controlar mejor:

 <<¿Quién o qué debe ser culpado del aumento de la obesidad? Lo he dicho antes y lo diré de nuevo: el modelo de pérdida de peso basado en las calorías entrantes frente a calorías salientes. Aunque esta corriente de opinión diga que la clave son las calorías, el mensaje oculto es que la persona tiene toda la culpa de su peso.

                Sin embargo, si alguien padece cáncer de mama, nadie piensa secretamente que esa persona debería haber hecho más para evitarlo. Si tienes un derrame cerebral, nadie te dirá condescendientemente que no te salgas del programa. A causa del modelo de las calorías entrantes y salientes, la obesidad se ha convertido en una enfermedad única en cuanto al vínculo que mantiene con la vergüenza. Pero, en realidad, el establishment  médico, los gobiernos y muchos <<expertos>> en dietas solo están tratando de desviar la atención de la responsabilidad que cabe atribuir a los horribles consejos dietéticos que han vendido durante décadas.

                La forma de pensar predominante en la actualidad (que limitemos la ingesta calórica pero que comamos más a menudo) ha ayudado a que alrededor del 40 % de la población adulta estadounidense esté clasificada como obesa (con un índice de masa corporal superior a 30) y el 70 % tenga sobrepeso u obesidad (IMC>25). Pero dado que el modelo de las calorías entrantes y salientes es el paradigma dominante entre los médicos y la mayoría de la sociedad, se cree que la crisis de obesidad es una epidemia de falta de fuerza de voluntad. De ahí la mucha vergüenza que sienten las personas gordas hoy en día.

Es hora de abandonar este planteamiento. No tienes la culpa de tu sobrepeso o tu obesidad. Solo ocurre que has recibido la información incorrecta durante años. Sin embargo, estás a punto de embarcarte en una nueva forma de comer, pensar y vivir que cambiará tu vida. Estoy impaciente por mostrarte este otro modelo>>.

Fung, J.; Mayer E.; Ramos M. (2022): <<El ayuno como estilo de vida>> (pp. 153 y 154). Sirio.

5. Ayunar consiste en manipular el tiempo

Megan Ramos comenta que nos hemos convertido en animales de pastoreo porque siempre estamos tomando algún refrigerio. Pues el nuevo reto está servido: dejar de pastar y comer en momentos determinados, según el plan que mejor te vaya a ti:

<<Sí, lo entiendo. Solo quieres saber si el ayuno es para ti y te gustaría ahorrarte un montón de dinero, tiempo, dolor y agonía para recuperar la salud y el tipo de cuerpo que mereces. Estos deseos y nuestra necesidad humana de invertir el menor esfuerzo posible en la obtención de la mayor recompensa son exactamente las razones por las que deberías plantearte ayunar y probar a hacerlo.

¿Por qué?          

           Porque ayunar solo consiste en manipular el tiempo. Parece algo tan insignificante que es inverosímil que sea la respuesta que has estado buscando durante todos estos años. Pero, en realidad, la esencia del ayuno es la cantidad de tiempo que debe pasar entre los períodos en los que comes para obtener la salud que deseas.

[…]

           La forma menos estresante de comenzar a ayunar es seguir un proceso que llamo ayuno simple o perezoso, debido a que requiere muy poco esfuerzo. El ayuno simple implica comenzar poco a poco, con unos tiempos manejables, y después extenderlos si se desea. Pero si lo mejor para ti es realizar un esfuerzo mínimo para siempre, esto también es correcto.

[…]

          Muchas personas se sienten estresadas ante la elección del horario de ayuno adecuado y a la hora de tomar decisiones correctas sobre qué comidas saltarse y cuándo comer. Quieren seguir unas reglas estrictas y saber exactamente qué deben hacer. Tal vez han estado leyendo artículos y publicaciones de blog donde se recomiendan horarios de ayuno contradictorios, y se sienten abrumadas. He pasado por esto. Por lo tanto, no pretendo contribuir a aumentar tu confusión. En lugar de ello, quiero presentarte un punto de partida fácil: el ayuno simple.

Al final, uno llega a la conclusión de que todos los tipos de ayuno se reducen a esto: comer menos a menudo. El ayuno es personalizable, y cada cual requiere una solución diferente. Es por eso por lo que debes encontrar lo que funciona para ti>>.

Fung, J.; Mayer E.; Ramos M. (2022): <<El ayuno como estilo de vida>> (pp. 158 y 159). Sirio.



6. Haz ejercicio en ayunas

                Esta última recomendación creo que está ya muy asumida por las personas con las que hablo que hacen ejercicio y que prefieren hacerlo por la mañana, en ayunas,  o por lo menos cuatro horas después de comer. Y el Dr. Fung lo justifica hormonalmente:         

                <<Cuando entrenas mientras ayunas, tu nivel de insulina está bajo, pero el de la noradrenalina y la hormona del crecimiento están altos. En este estado hormonal, tienes más energía (porque la noradrenalina y la hormona del crecimiento te la proporcionan), por lo que puedes entrenar más duro. Y cuando comes después de hacer ejercicio, el nivel de las hormonas del crecimiento se mantiene alto. Esta sustancia ayuda a reconstruir los músculos, para que te recuperes rápido.

                No hay ninguna razón fisiológica por la que una persona necesite comer antes de hacer ejercicio. De hecho, a menudo aliento a la gente a hacer ejercicio a primera hora de la mañana con el estómago vacío, porque ya tienen todo el combustible que necesita su cuerpo. A las cuatro de la madrugada, el cuerpo experimenta una oleada de hormonas que le permite a la glucosa entrar en el torrente sanguíneo. Cuando te levantas para hacer ejercicio a las seis o las siete, o en cualquier momento de la mañana, tu cuerpo aún está quemando esa glucosa. No necesitas comer.

                La combinación del ejercicio y el ayuno puede llevarte a estar más delgada, más musculosa y con más energía. Recuerda, eso sí, que no es solo el ejercicio lo que te ayuda a perder peso. Es el ayuno>>.

Fung, J.; Mayer E.; Ramos M. (2022): <<El ayuno como estilo de vida>> (p. 197). Sirio.

 Y como despedida te regalo el último párrafo motivador del libro:

                <<Ya es hora de que el ayuno se incorpore a gran escala, sea respaldado por los médicos y el establishment médico, y sea reconocido como la forma más sencilla de mantener la pérdida de peso y una excelente salud. Si tienes sobrepeso o padeces problemas de salud crónicos, te exhorto a que también lo pruebes>>.

Fung, J.; Mayer E.; Ramos M. (2022): <<El ayuno como estilo de vida>> (p. 291). Sirio.

 Con mucho cariño.

Paulino