viernes, 14 de marzo de 2025

La microbiota estresada

         La doctora M. ª Dolores de la Puerta  ( @doctoradelapuerta)  presentó su segundo libro “La microbiota estresada. Cuida tu intestino para superar la ansiedad, mejorar tu salud y ser más feliz” el viernes 8 de marzo de 2025 en el Club Faro en el MARCO (Museo de Arte Contemporáneo) de Vigo.

        El auditorio se quedó pequeño, porque hubo personas que no pudieron entrar, y fue una pena que se perdieran la maravillosa presentación de LA MICROBIOTA  que nos hizo la doctora.

Luego el catedrático de Fisiología-Endocrinología de la Universidad de Vigo, Federico Mallo le hizo algunas preguntas sobre su libro y más tarde llegó el turno del público.

        Al día siguiente, el decano de la prensa el Faro de Vigo, publicó un artículo de  Ágatha de los Santos titulado: “De la Puerta: “Una microbiota fuerte contribuye a un estado anímico feliz”

        En este artículo la periodista recoge la respuesta que la doctora De la Puerta dio cuando le pregunté acerca del tratamiento con trasplante de microbiota fecal (TMF), porque el Dr. David Perlmutter en su libro Alimenta tu cerebro cuenta casos clínicos que parecen increíbles; pero la doctora nos confirmó que, efectivamente,  tiene compañeros extranjeros que están utilizando este tratamiento con muy buenos resultados y que; sin duda, será el tratamiento del futuro.

        De la doctora Dolores de la Puerta tienes dos títulos más en mi blog: LECTURAS PARA COMPARTIR:

-          “ La inflamación crónica” LECTURAS PARA COMPARTIR

-          “Un intestino feliz” LECTURAS PARA COMPARTIR  sobre su primer libro que también lo presentó en Vigo el 15 de septiembre de 2023.

        La doctora se presenta en su libro:

        “Soy la doctora Mª Dolores de la Puerta y nací en Cartagena. Mi inquietud profesional y circunstancias personales hicieron que en el año 2000 me enamorara del maravilloso mundo de la microbiota intestinal.

        Tengo la suerte de haber podido reconducir mi actividad profesional para dedicarme a ella por completo en consulta hace ya más de veinte años. Como médico, nada me gustaría más que poder atender a todas las personas que solicitan mi ayuda, pero soy humana y la capacidad asistencial es limitada web de la doctoradelapuerta. 

De la Puerta, Mª. D. (2025): “La microbiota estresada. Cuida tu intestino para superar la ansiedad, mejorar tu salud y ser más feliz” (solapa interior). HarperCollins.

         Te extraigo cuatros cuestiones de la lectura del libro que quiero compartir contigo:

            1. ¿Qué quiere decir con la expresión: la digestión mental?

            2. ¿Cuál puede ser nuestra mejor inversión en salud?

            3. ¿Qué debemos comer para sentirnos mejor en general?

            4. ¿Qué significa la inteligencia espiritual?

1. ¿Qué quiere decir con la expresión: la digestión mental?

        La doctora  utiliza esta expresión para explicarnos una asociación que ella ha constatado en su consulta:

        “A lo largo de los años he tenido ocasión de observar en los pacientes multitud de vínculos físico-emocionales, como el miedo-diarrea o la angustia vital-estreñimiento. Eso me ha permitido tener la constatación clínica que confirma la relación entre el tránsito intestinal y la digestión mental. La investigación también demuestra que hay una asociación directa entre la “digestión” de los pensamientos y las emociones que se vincula con la digestión de los alimentos y el tránsito intestinal. De forma recíproca, también los desórdenes digestivos afectan al estado de ánimo.

[…]

El desorden en la actividad del eje microbiota-intestino-cerebro está detrás de muchos trastornos tanto físicos como psicológicos y emocionales. Y entre ambas caras de la misma moneda, la física y la emocional, hay una conexión bidireccional en cuanto a la causa y consecuencia.

        Por un lado, circunstancias externas como la alimentación, el estilo de vida, la toma de fármacos, el sueño o el estrés dan forma a tu microbiota y, además, sobre ella también influyen determinados predisponentes genéticos. Por otro, la microbiota regula la síntesis de moléculas neuroactivas, que son capaces de interactuar con el sistema nervioso central. Estos metabolitos son, principalmente, los neurotransmisores y los ácidos grasos de cadena corta.

        Cuando cualquier situación estresante o traumática se mantiene en el tiempo, siempre terminará afectando a la microbiota, alterando su composición y activando el sistema inmune. El encendido de esta alerta inmunitaria favorece estados proinflamatorios que a su vez alteran la microbiota, alteran la permeabilidad de la barrera intestinal y de la barrera hematoencefálica, alteran el umbral de neuroinflamación, alteran la síntesis de moléculas neuroactivas, etc.

         Niveles más altos de neuroinflamación —inflamación del cerebro— provocan cambios estructurales en las células gliales y en las neuronas implicadas en el aprendizaje, la memoria, la regulación del estado de ánimo y las emociones. Todo ello favorece la aparición de síntomas físicos y emocionales.

         Para mejorar tu digestión mental te recomiendo mirar y cuidar la microbiota. Los prebióticos benefician tanto a la mucosa intestinal como a la inmunidad, y los probióticos ayudan a recuperar la permeabilidad intestinal, mejorando así la función de la barrera mucosa y estabilizando el equilibrio de tus bacterias intestinales. También te pueden ayudar a modular la inflamación sustancias antioxidantes como los polifenoles, moléculas antiinflamatorias como el omega 3, aminoácidos o vitaminas del grupo B.

         Incorporar todo esto al ejercicio profesional abre paso a un bonito campo de la medicina que podríamos denominar psiquiatría funcional o psiquiatría nutricional”.

        De la Puerta, Mª. D. (2025): “La microbiota estresada. Cuida tu intestino para superar la ansiedad, mejorar tu salud y ser más feliz” (pp. 56, 62, 63 y 64). HarperCollins.

2. ¿Cuál puede ser nuestra mejor inversión en salud?

Resulta que si eres una buena persona, además de poder ganarte  el cielo cuando mueras, puede que tengas una microbiota más sana mientras vives. ¿Te imaginas?

        Esta es la conclusión personal que saqué cuando leí el tercer párrafo de este apartado:

        “He hecho referencia a la higiene mental como uno de los pilares en los que se apoya el equilibrio de la microbiota. Vamos a desarrollar y a reflexionar acerca de este concepto. Para ello, te propongo empezar respondiendo a la siguiente pregunta: ¿qué pensamientos tienes en la cabeza?, o, mejor, ¿qué pensamientos permites que se queden en tu cabeza? Quiero que sepas que en el cuerpo cada pensamiento y emoción es bioquímica.

        Si paras un momento y te observas, seguro que te das cuenta de que cada idea que pasa por tu cabeza hace que te sientas de forma muy diferente. Esto es porque, asociados a esa percepción y a ese sentimiento, el cuerpo produce unas u otras moléculas llamadas neurotransmisores. Ellos son los que están protagonizando esa conexión y esa percepción emocional, hablaremos mucho de ellos más adelante.

[…]

        Si en tu vida y en tu cabeza fomentas la generosidad, la empatía, el agradecimiento, la compasión o cualquier otro sentimiento bondadoso, las moléculas que circulan por tu cuerpo son antiinflamatorias. Esa sí que es y será la mejor inversión en salud. En cambio, si te permites tener sentimientos como el rencor, la envidia, la ira, la necesidad de venganza o cualquier otra maldad afectiva que se te pueda ocurrir, lamento comunicarte que estás comprando inflamación, una mala inversión”.

        De la Puerta, Mª. D. (2025): “La microbiota estresada. Cuida tu intestino para superar la ansiedad, mejorar tu salud y ser más feliz” (pp. 94 y 96). HarperCollins.

3. ¿Qué debemos comer para sentirnos mejor en general?

        La doctora nos propone un truco muy sencillo para redirigir los impulsos de dulce cuando estamos tristes o aburridos: 

        "¿Sabes cuál es la dieta que más te ayuda a fomentar el bienestar y la felicidad, los alimentos que contribuyen más eficazmente a modular tu ansiedad y a manejar el estrés? Aunque seguro que inmediatamente has pensado en los carbohidratos, no es así. La ciencia demuestra que aumentar el consumo de grasas y proteínas contribuye a reducir la ansiedad y la depresión, mientras que el consumo de mayor cantidad de carbohidratos fomenta el estrés, la ansiedad y la depresión.

         Cambiar la dieta permite modificar tu estado de ánimo y hacerte sentir más feliz.

        ¡Cuidado!, porque si cuando estás bajo de ánimo buscas un refugio rápido y tienes una sensación de recompensa inmediata comiendo chucherías dulces, en realidad solo estás fomentando que se mantenga la ansiedad. Te propongo reconducir el impulso. En esos momentos procura consumir grasas de calidad como frutos secos, aceitunas, semillas, o proteínas de calidad como queso, fiambres sin aditivos, huevos, tofu. Nada va a cambiar de la noche a la mañana, pero si estás atento, irás notando que este cambio te ayudará a empezar a sentirte mejor”.

        De la Puerta, Mª. D. (2025): “La microbiota estresada. Cuida tu intestino para superar la ansiedad, mejorar tu salud y ser más feliz” (pp. 114 y 115). HarperCollins.

4. ¿Qué significa la inteligencia espiritual?

        Siempre había escuchado lo de inteligencia emocional; pero, esta vez, la doctora va un poco más allá y nos habla de la inteligencia espiritual:

         “Te he hablado de la parte más práctica del abordaje de la neuroinflamación. Tenemos opciones para manejarla desde el intestino, equilibrando su microbiota y la actividad de su sistema nervioso local; también nos ayudan una buena calidad y cantidad de sueño y la melatonina, es fundamental la placentera actividad del nervio vago y, por último y no menos importante, te he contado los beneficios limpiadores del sistema glinfático. Toca hablar ahora de otra forma de prevenir la neuroinflamación, más inmaterial, mucho más emocional.

          Igual que la práctica habitual de ejercicio físico aporta salud a tu cuerpo físico, la práctica habitual de la espiritualidad, del tipo que sea, religiosa o laica, aporta beneficios a tu estado mental. Y hoy sabemos con certeza que la salud corporal y la mental están conectadas de muchas formas.

          No confundas religión con espiritualidad. Puedes ser agnóstico o ateo y ser una persona profundamente espiritual. Para ello, solo tienes que creer en la bondad esencial del ser humano. Es una forma de vida que permite vivir más allá de uno mismo, tendiendo la mano a los que te rodean y al mundo. El nivel de espiritualidad se manifiesta en la forma que tienes de relacionarte contigo y con los demás.

        En el contexto de esta espiritualidad hay un concepto que me encanta: la inteligencia espiritual. Está basada en la sabiduría vital. Nos permite interpretar las realidades más profundas y entender el auténtico sentido de las cosas más allá de nosotros mismos. Por ejemplo, nos permite entender o captar el mensaje de un texto por encima de lo que transmite su simple lectura, o podemos comprender lo que alguien está transmitiendo cuando te está hablando más allá de las palabras que dice.

            Este tipo de inteligencia da un sentido espiritual a la vida y contribuye a hacer que te sientas íntimamente bien, más allá de cuáles sean tus circunstancias personales, laborales, afectivas o económicas.

           La inteligencia espiritual es un regalo exclusivamente humano que te ayuda a ser feliz.

           La inteligencia espiritual se construye desde la infancia y te ayuda a entender la esencia de las cosas, de las personas y de nosotros mismos”.

            De la Puerta, Mª. D. (2025): “La microbiota estresada. Cuida tu intestino para superar la ansiedad, mejorar tu salud y ser más feliz” (pp. 143 y 144). HarperCollins.

        Un saludo muy afectuoso a ti y a todos tus bichos de la microbiota.

        Paulino.

jueves, 6 de febrero de 2025

Pienso, luego como (demasiado)

        “Pienso, luego como (demasiado)”  escrito por el equipo de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Universitario Infanta Leonor nos ofrece una visión amplia de los factores emocionales, psicológicos, cognitivos y fisiológicos que influyen en la forma de alimentarnos.

        Del libro os comparto dos ideas que nos hablan de la relación tan estrecha que hay entre los hábitos alimenticios y la salud mental:  

1. LA OBESIDAD COMO TRASTORNO PSICOSOMÁTICO

2. ¿POR QUÉ SE PRODUCE EL HAMBRE EMOCIONAL?


LA OBESIDAD COMO TRASTORNO PSICOSOMÁTICO

           “ Al estudiar y constatar la resistencia de las personas con obesidad al cambio efectivo y mantenido de sus hábitos y conductas relacionadas con la alimentación, empezamos a entender la obesidad como un trastorno psicosomático, es decir, desde una perspectiva biopsicosocial que desborda la habitual identificación de este trastorno como un problema meramente médico-biológico.

        A la hora de entender la importancia de lo psicológico, en una primera aproximación a la psicopatología relacionada con la obesidad encontramos ciertos trastornos primarios, es decir, que actúan como desencadenantes o agravantes del problema del sobrepeso, y, por otro lado, problemas derivados de la repercusión que la obesidad tiene en esas personas, que son un factor relevante en la cronicidad y ensombrecen el pronóstico.

        Aunque todavía tienen poca presencia en los servicios sanitarios, algunos equipos empiezan a desarrollar modelos para aproximarse al problema de la obesidad como un trastorno del control de los impulsos o como una adicción a la comida. También se empiezan a poner en práctica terapias basadas en modelos psicológicos, como el enfoque cognitivo-conductual o el sistémico, que, basados en una perspectiva que transciende a lo “psicológico” del individuo, pero sin caer en la vaguedad de “lo social”, tratan de abordar el problema de la obesidad mediante un encuadre que incluye las relaciones de pareja y de familia o la gestión de las emociones o de las distorsiones del pensamiento.

        Es cierto que, hasta la fecha, la psiquiatría y la psicología han ido prestando una atención creciente a los trastornos de la conducta alimentaria —anorexia nerviosa y bulimia nerviosa, principalmente—cuya psicopatología asociada resultaba evidente para cualquier profesional de la salud. En cambio, la obesidad no ha recibido tanta atención, por motivos de sesgo cultural, más que científicos. Sabemos que el hecho de que no haya una relación tan visible entre la obesidad y los componentes psicológicos (al menos, no existe un único perfil psicológico que llegue a explicar todos los casos de obesidad) ha perjudicado los intentos de aproximación desde la salud mental a los sujetos obesos. Sin embargo, que esta relación no sea fácilmente visible no quiere decir que no exista ni menos aún que esta no sea un factor decisivo en el curso del trastorno.

        Nosotros consideramos que el factor psicológico, entendido como cognitivo, emocional y conductual, puede situarse en la causa y el mantenimiento o bien propiciar la resistencia a los trastornos de la obesidad que solamente operan en la faceta “biológica” del sujeto. Algunos autores consideran la obesidad como un trastorno identificado por el DSM-IV (MDE en castellano, por Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) como trastorno de la alimentación no especificado (F50.9), pues describe a la mayoría de los pacientes con obesidad.

        Quintero J. et al. (2021): “Pienso, luego como (demasiado). Comprende el impacto de las emociones en el sobrepeso y aprende a controlarlo de forma consciente” (pp.28 y 29). Shackleton Books.

¿POR QUÉ SE PRODUCE EL HAMBRE EMOCIONAL?

        “En primer lugar, analizaremos el sustrato biológico entre el hambre y las emociones. Sabemos que ambos comparten mecanismos neuronales para su regulación. En el cerebro existen algunas estructuras y circuitos que se encargan de modular tanto el hambre y la alimentación como las emociones.

        Cuando nos encontramos ante una situación amenazante que nos provoca una emoción negativa, como puede ser el miedo, el estrés o la ansiedad, hay una estructura cerebral, la amígdala, que se activa como respuesta a esa situación y que genera en nosotros estas emociones para que se active la alarma y seamos capaces de protegernos. Esta estructura es fundamental porque reconoce peligros potenciales y porque se encarga de almacenar esas emociones, para hacernos actuar de forma automática si aparecen de nuevo estas situaciones. Cuando la amígdala se activa, envía una señal al hipotálamo para estimularlo y que nuestro cuerpo se prepare ante el peligro. El hipotálamo es el responsable de que, cuando sentimos miedo o ansiedad, aumenten a sudoración y frecuencia cardiaca, se nos erice el vello o se nos dilaten las pupilas; es decir, nos prepara para hacer frente a la amenaza. Pues bien, el hipotálamo se encarga no solo de esa regulación de las emociones, sino también, como hemos visto en capítulos anteriores, del control de la alimentación, pues en él se localizan tanto el circuito del hambre como el de saciedad. Así pues, la activación de esas estructuras debido a una situación emocional puede alterar la regulación de la alimentación.

        La respuesta del organismo frente al estrés también puede contribuir al desarrollo de la alimentación emocional. En una situación de ansiedad, el hipotálamo segrega una hormona que desencadena la liberación de glucocorticoides desde la glándula suprarrenal. Estos glucocorticoides son sustancias que permanecen en el torrente sanguíneo durante un periodo prolongado de tiempo y que actúan sobre el apetito aumentándolo. Lo que significa que pueden llevarnos a una mayor ingesta de alimentos como consecuencia de una situación estresante. Además, esto explica las diferencias que podemos encontrar entre unas personas y otras y por qué hay a quien la ansiedad le aumenta el apetito y a quien no. Los individuos cuyas glándulas suprarrenales secretan de forma natural mayores cantidades de glucocorticoides como respuesta al estrés tienen mayor tendencia a comer más, lo que puede predisponer a sentir más hambre emocional. También tienen esa predisposición las personas cuyos cuerpos requieren más tiempo para limpiar el torrente sanguíneo del exceso de glucocorticoides. El tipo de estrés al que está sometida una persona también influirá en el hambre emocional. Estar sometido a estrés de forma intermitente pero frecuente desencadena liberaciones esporádicas y repetidas de glucocorticoides, interrumpidas por intervalos sin estrés demasiados cortos como para permitir una reducción completa hasta los niveles iniciales de glucocorticoides; es decir, las situaciones de estrés son tan continuas que siempre hay cierto exceso de corticoides en el torrente sanguíneo, lo cual se relaciona con un mayor aumento del apetito. Por lo tanto, aquellas personas cuyos estilos de vida conllevan situaciones de estrés intermitentes pero frecuentes tienen un mayor riesgo biológico para desarrollar hambre emocional”.

        Quintero J. et al. (2021): “Pienso, luego como (demasiado). Comprende el impacto de las emociones en el sobrepeso y aprende a controlarlo de forma consciente” (pp.100-102). Shackleton Books.

        Es curioso, pero no deja de ser un libro sobre alimentación escrito por expertos en salud mental, en el que nos dan una visión más amplia, con más aristas del prisma de los trastornos de la alimentación.

        Un saludo muy afectuoso.

        Paulino.


https://www.instagram.com/iglesias.paulino/ )



jueves, 9 de enero de 2025

Lo que tu corazón espera de ti

    “José Abellán (https://www.instagram.com/doctorabellan/) es cardiólogo y doctor en Medicina por la UCAM, máster en Riesgo Cardiovascular, en Imagen en Cardiología y en Hemodinámica y Cardiología intervencionista y cardiólogo clínico en el Hospital General Universitario Santa Lucía de Cartagena. Además dirige varios centros de rehabilitación cardíaca en los que especialistas en cardiología, nutrición, psicología, entrenamiento funcional y de alta intensidad trabajan conjuntamente para ofrecer un apoyo multidisciplinario a pacientes que han sufrido algún tipo de problema cardiovascular”

    Abellán, J. (2024): “Lo que tu corazón espera de ti. Descubre los cuatro pilares para vivir en plena forma con una salud de hierro” (solapa interior de la portada). Grijalbo.

    Antes de que el doctor José Abellán nos descubra los cuatro pilares de la salud al final de este  artículo, vamos a medir el pulso de su libro con seis preguntas muy interesantes:

    1. ¿Es realmente tu genética o tu ADN la causa principal de tus enfermedades?

    2. ¿Conoces las placas de ateroma o aterosclerosis?

    3. ¿Cómo se forman las placas de ateroma o ateroesclerosis?

    4. ¿Qué es el material particulado?

    5. ¿A qué se refiere con eso de “Conecta”?

    6. ¿Qué pretende conseguir con este libro, doctor? —le preguntamos.

   1.  ¿Es realmente tu genética o tu ADN la causa principal de tus enfermedades?

    En el primer capítulo bajo el título: “Conoce tu cuerpo. Genética versus realidad: las tristes consecuencias de nuestra desadaptación al ambiente” nuestro cardiólogo, Abellán, nos responde a este dilema:

    “…, puedes fijarte en lo que hemos aprendido de las poblaciones de cazadores-recolectores que mantienen su forma de vida ancestral en la actualidad, es decir que viven principalmente de los frutos que recogen y de la carne que cazan. Una de estas poblaciones fue protagonista de uno de los estudios cardiovasculares más curiosos y sorprendentes realizados hasta la fecha. Son los t´simanes, un pueblo originario de la Amazonia boliviana. En este estudio, un grupo de investigadores occidentales visitaron ochenta y cinco aldeas t´simanes para analizar su salud de más de setecientos adultos entre cuarenta y noventa años de edad. Les realizaron un examen físico, un electrocardiograma, una analítica e incluso un escáner de las arterias coronarias, las del corazón. Los resultados fueron muy reveladores. Prácticamente ninguno de los más de setecientos adultos analizados tenía hipertensión, colesterol alto, diabetes ni obesidad. Además, la calcificación de las arterias coronarias era como la de la población media occidental… veinte o treinta años más joven. No sabían lo que era un infarto de corazón.

    ¿Son los t´simanes genéticamente superiores a las poblaciones occidentales? ¿Están protegidos frene a la enfermedad? La respuesta a las dos preguntas es no: su cuerpo es muy parecido al tuyo y no gozan de ninguna protección especial. Pero sí que hay algo que hacen de forma muy distinta a ti: su estilo de vida es radicalmente opuesto al tuyo. Y es muy posible que ahí radique el problema de las sociedades occidentales. Mientras que cada día los t´simanes recorren kilómetros y kilómetros para conseguir la comida, tú la sacas de la nevera. Mientras que ellos necesitan realizar un esfuerzo físico para cazar, tu descansas en el sofá viendo alguna serie de Netflix. Mientras que ellos duermen al caer la noche, tú aguantas pegado a alguna pantalla.

    Y es que si tus genes son la base, los cimientos de todo tu cuerpo, tu estilo de vida es el modo en el que se comunican con el ambiente, permitiéndote respirar, latir y existir. Y precisamente por eso sabemos que tus hábitos influyen en tu salud mucho más que tu genética, porque tus hábitos son las ruedas que permiten rodar a tu ADN. Tu estilo de vida puede incluso modificar la expresión de tus genes para bien… o para mal. Cuando calculamos el peso de cada factor, la genética puede determinar una enfermedad en aproximadamente un 25 por ciento, mientras que tu estilo de vida lo hace en un 75 por ciento. En la mayoría de las ocasiones, creer que enfermedades como la hipertensión o un posible infarto es lo que “te toca por herencia” es negar la realidad.

    Abre los ojos. En la actualidad, lo que nos está matando lentamente es la discordancia que hay entre lo que le damos a nuestro cuerpo y lo que nuestro cuerpo nos pide”.

Abellán, J. (2024): “Lo que tu corazón espera de ti. Descubre los cuatro pilares para vivir en plena forma con una salud de hierro” (pp. 40 y 41). Grijalbo.

2. ¿Conoces las placas de ateroma o aterosclerosis?

    Pues son, nada más ni nada menos, que el origen de la enfermedad cardiovascular, una especie de endurecimientos que se forman en la pared de las arterias provocando obstrucciones o trombos en las mismas.

    El doctor Abellán nos cuenta el origen de la enfermedad del corazón en el capítulo 2 titulado “El cuerpo humano es un todo. El corazón es el motor del cuerpo, y el sistema cardiovascular, el mecanismo de comunicación entre sus partes”:

    “Qué es exactamente la enfermedad cardiovascular?

    A mediados del siglo XX, cuando la enfermedad cardiovascular empezaba a coger los tintes de una epidemia, la comunidad médica intentó entender qué ocurría con el fin de buscar una solución eficaz. En aquel momento, lo que sabíamos era que aquellos que enfermaban sufrían episodios de dolor torácico brusco que, o bien provocaban la muerte temprana, o bien tras la recuperación, dejaban al paciente con ese dolor de pecho crónico ( lo que se llamó angina de pecho) o con signos y síntomas secundarios que evidenciaban que el corazón estaba debilitado, como cansancio, falta de aire o hinchazón de piernas. Además de estos síntomas, cada vez era más frecuente que ingresaran personas por infarto cerebral, por insuficiencia renal y por síntomas sugestivos de enfermedad arterial periférica, principalmente en las piernas. ¿Qué ocurría?

    Las primeras pistas las dieron las autopsias de los pacientes fallecidos, y los investigadores se dieron cuenta de un detalle curioso: en la mayor parte de las muertes de origen cardiaco se encontraron obstrucciones o trombos en las arterias del corazón. Sobre ellas, en la pared de las arterias, siempre había lo que más tarde se llamarían placas de ateroma o aterosclerosis, que son una especie de endurecimientos. Además las personas que morían por otra causa que aparentemente no tenía nada que ver con el corazón, como un accidente cerebrovascular o una enfermedad renal, también solían tener placas en las arterias del corazón. ¿Eso tenía sentido? Sí, y lo sigue teniendo.

    Si hay placas en la pared de las arterias, el flujo sanguíneo hacia un territorio se compromete, lo que perjudica el funcionamiento de ese órgano. Además de dificultar el flujo de manera crónica, en algunos casos parecía que estas placas podían romperse y provocar la formación de un trombo que dejara al órgano diana directamente sin flujo”.

    Abellán, J. (2024): “Lo que tu corazón espera de ti. Descubre los cuatro pilares para vivir en plena forma con una salud de hierro” (pp. 57 y 58). Grijalbo.

3. ¿Cómo se forman las placas de ateroma o ateroesclerosis?

    En el apartado del capítulo 2 “Del colesterol a la inflamación: la teoría inflamatoria” Abellán nos explica cómo se forman las famosas placas de ateroma y que no sólo podemos pensar en el equilibrio entre el colesterol bueno o malo.

    “En los últimos años se está empezando a reconocer que la teoría lipídica (del colesterol) no pueden explicar todo el proceso aterosclerótico. Varias investigaciones muestran que hay una protagonista a la que no se ha dado la suficiente importancia: la inflamación.

[…]

    Y es que tus arterias también pueden sufrir agresiones, como tu piel. Algunos virus o bacterias, o micronutrientes, lesionan su pared. Esto ocurre a diario y no tiene mayor importancia  precisamente porque tu cuerpo está perfectamente preparado para afrontarlo mediante un estímulo inflamatorio. Funciona del siguiente modo: ante una agresión a tus arterias, las células de su pared ceden, como si fueran los ladrillos de un edificio en llamas. Esto es un estímulo inflamatorio que alerta a los macrófagos, tus células de defensa natural que, como los vigilantes de seguridad de nuestro edificio, lo primero que hacen es avisar y pedir ayuda. Entonces, los macrófagos producen y liberan algunas proteínas inflamatorias, denominadas citocinas, que funcionan como marcadores y señalizadores. Las citocinas son como llamadas de radio para poner en alerta a los bomberos de la ciudad (o, en este caso, de tu cuerpo).

    Así, las citocinas son capaces de activar más células locales, que, en respuesta, expresan más proteínas inflamatorias que sirven de reclamo para que otras células del sistema inmunológico ayuden a reparar el daño. Serían como bengalas para que los bomberos sepan dónde han de actuar. Así, diversas células del sistema inmunitario, como los neutrófilos, se acercan y ayudan a reparar la herida en la pared de la arteria, como lo harían los bomberos con sus tanques de agua.

    En circunstancias normales, este proceso se detiene cuando la herida se limpia y el daño queda reparado. Sin embargo, un desequilibrio hacia un estado proinflamatorio podría provocar que, ante un daño en la pared vascular, ante un fuego, se dificultara el proceso reparador, porque se potenciara la inflamación. Sería como si llegaran tantísimos camiones de bomberos al incendio que, si bien apagarían el fuego, destrozarían el edificio por la exagerada potencia de las excesivas mangueras de agua a presión. Es así como se crean las placas de ateroma, que en cierto modo podemos ver como cicatrices exageradas ante una agresión. Sucede de esta forma: cuando existe un desequilibrio proinflamatorio, se promueve y perpetúa la formación de placas de colesterol en el lugar de estas pequeñas lesiones en las arterias, y la severidad de las placas empeora progresivamente. Este es el verdadero origen de la enfermedad ateroesclerótica cardiovascular.

    Y es que un mal estilo de vida produce un aumento de la inflamación sistémica. En particular, promueve un estado conocido como inflamación crónica de bajo grado. Los resultados de todos los estudios que lo han investigado han ido en la misma dirección: la inflamación crónica de bajo grado aumenta el riesgo de sufrir placas de ateroma, un evento cardiovascular y muerte prematura”.

 Abellán, J. (2024): “Lo que tu corazón espera de ti. Descubre los cuatro pilares para vivir en plena forma con una salud de hierro” (pp. 68-72). Grijalbo.

4. ¿Qué es el material particulado?

    Dentro del capítulo “Conecta con la naturaleza, La relación entre la calidad del aire y la salud cardiovascular es mucho más estrecha de lo que crees” el doctor Abellán nos explica la influencia directa del material particulado sobre nuestra salud cardiovascular:

    “Cuando a nivel global analizamos los determinantes de salud o factores de riesgo más importantes del mundo, te parecerá normal que en primer lugar esté la hipertensión y, en segundo lugar el tabaco. Pero quizá te sorprenda conocer que en tercer lugar está la contaminación…, por encima de la diabetes, la obesidad y el sedentarismo. Incluso por encima de las drogas. Por cierto, la elevación aislada de colesterol no HDL, como factor de riesgo, se posiciona muy detrás de todos ello.

[…]

    ¿Qué es exactamente el material particulado? En realidad, son diminutos corpúsculos sólidos o líquidos que se producen de manera natural o a causa de la acción humana y que, debido a su pequeño tamaño, tardan mucho tiempo en depositarse en el suelo, por lo que permanecen en suspensión en el aire. No son homogéneos; se trata de un conjunto de sustancias muy diverso. Azufre, nitrógeno, hidrocarburos, aluminio, arsénico, cadmio y níquel son algunos de sus componentes más frecuentes. Pueden ser resultado de la actividad volcánica, la germinación de plantas o el polen, pero sobre todo se producen por efecto de los combustibles fósiles, por los motores, los neumáticos y frenos de los coches, la actividad industrial, la minería, la ganadería, la agricultura, el propio polvo de las carreteras…Como verás, son el resultado de la urbanización que conlleva la actividad humana; no se producen solo en grandes polígonos industriales.

    Clasificamos el material particulado según su tamaño: en menores de 10 micras  de diámetro y en menores de 2,5. En general, las de origen natural suelen ser más grandes y las de origen humano, más pequeñas. Esto importa precisamente porque el problema del material particulado es que resulta muy perjudicial para la salud, especialmente el de menor tamaño (<2,5 micras). El material particulado penetra por tus vías respiratorias y llega a tus pulmones. Esto ya produce daño a nivel pulmonar y fuerza una disfunción del sistema respiratorio que acarrea una disfunción del corazón, pero es que además se ha relacionado con un aumento de patologías infecciosas e inmunológicas respiratorias como la neumonía, el asma, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica e incluso con tumores y mortalidad prematura. Además, el material particulado menor de 2,5 micras es capaz de atravesar la barrera alveolocapilar de tus pulmones y llegar hasta tu circulación, con lo que alcanza todas las partes de tu cuerpo. También bebemos el material particulado, pues podemos encontrarlo en el agua, y, como en el caso de la vía respiratoria, el más pequeño puede atravesar la barrera digestiva y alcanzar el torrente circulatorio.

[…]

    El humo del tabaco es material particulado de 1 a 0,01 micras. El polvo del carbón también sería parte de él, porque tiene menos de 10 micras.

[…]

    Yo opino que nuestro desconocimiento hacia lo perjudicial que es la contaminación es el gran hándicap para luchar contra ella”

Abellán, J. (2024): “Lo que tu corazón espera de ti. Descubre los cuatro pilares para vivir en plena forma con una salud de hierro” (pp. 280, 282, 283 y 287) Grijalbo.

5. ¿A qué se refiere con eso de “Conecta”?

    Del cuarto pilar de nuestra salud “Conecta” el doctor habla de varias conexiones, y entre ellas, yo os traigo una historia personal o caso clínico relacionado con el centro de rehabilitación y fortalecimiento cardiovascular que el doctor Abellán abrió en Ciudad Real en diciembre de 2019:

    “Hay otro caso, el de David, que, a pesar de las aparentes diferencias, tiene mucho en común con el de Adelaida. Cuando llegó a nuestro centro, David estaba muy mal. Tenía unos setenta años pero aparentaba ser mucho mayor. Su historial de enfermedad cardiovascular era largo, con varios infartos e ictus. Su familia estaba muy pendiente de él, estaba muy bien cuidado, pero David sorprendía porque, a pesar de recibir tanto cariño, era una persona muy huraña y arisca; parecía que tenía pocas ganas de vivir. Aunque su familia se preocupaba mucho por él, no tenía amigos. Iba en silla de ruedas porque debido al ictus no podía mover la mitad izquierda del cuerpo y tenía una úlcera en el pie izquierdo por su diabetes. Su familia lo llevó a mi centro de rehabilitación cardíaca porque había oído que allí hacíamos algo distinto. Aquel día, su hija nos dijo: “Os traigo a mi padre, a ver si le podéis ayudar a que haga ejercicio”. Nosotros le explicamos que allí hacíamos algo más que eso, pero que sí, que nos comprometíamos a intentarlo, aunque David nos supusiera todo un reto.

    Comenzamos a entrenar con David y, claro, lo juntamos con otros cuantos compañeros, porque en el centro entrenamos en grupos pequeños de tres o cuatro personas. Como David iba en silla de ruedas, hacía ejercicio de hemicuerpo superior y tratamos de que paulatinamente pudiera ir apoyando un poco los pies. Y entonces empezaron a pasar cosas maravillosas. La primera fue que David, que desde el ictus “no se podía mover”, empezó a a hacer sentadillas con las dos piernas, a subir y bajar de los cajones, y a llevar pesas con las dos manos y las dos piernas. ¡Casi saltaba! Nos dimos cuenta de que a él lo que le había inmovilizado no era solo el ictus, sino también la creencia de que era una persona enferma, que no podía moverse, y eso había generado mucha atrofia y limitación que el propio infarto cerebral.

    Y la segunda cosa maravillosa que ocurrió fue que David, que solía ser una persona huraña, desconfiada y siempre malhumorada, comenzó a compartir su día a día, sus risas y algún que otro sufrimiento con sus compañeros de entreno, y así sus nuevos amigos lo animaban a cada paso que daba. Las directrices que le enseñamos en cuanto a alimentación y ejercicio le cambiaron la vida, sí, pero esta principalmente le cambió porque hizo amigos”.

Abellán, J. (2024): “Lo que tu corazón espera de ti. Descubre los cuatro pilares para vivir en plena forma con una salud de hierro” (pp. 254 y 255) Grijalbo.

6. ¿Qué pretende conseguir con este libro, doctor? —le preguntamos.

    Y nos responde:

    “Espero que hayas podido sacar un aprendizaje útil de estas páginas. Te aseguro que si has aprendido algo, por pequeño que sea, pero que te haya hecho reflexionar o haya cambiado algún aspecto de tu día a día y, por ende, mejorado tu salud, yo me doy por muy satisfecho. Y es que mi intención con este libro ha sido precisamente enseñarte cuáles son, desde el punto de vista científico (y, desde luego, desde mi perspectiva personal), los pilares de la salud. Mostrarte qué puedes hacer por ti para optimizarte, para vivir mejor y aumentar tu esperanza de vida y de salud. Por supuesto, siempre he priorizado explicarte el porqué de mis afirmaciones. No he pretendido decirte simplemente qué hábitos son adecuados y cuáles perjudiciales. He querido que les des sentido, porque pienso que es la mejor manera de que lo integres todo, para que así envejezcas sano y fuerte y disminuyas al máximo la probabilidad de tener que pasar algún día por mis manos o las de algún compañero. Que oye, a mi me encanta mi trabajo, pero entiendo que no es plan.

    Así, solo me queda decirte que te deseo de corazón, y por tu corazón, que te alimentes (1), que te muevas (2), que te sincronices (3) y, sobre todo, que conectes (4). Que así se vive mejor (y más).

    Palabra de cardiólogo”.

Abellán, J. (2024): “Lo que tu corazón espera de ti. Descubre los cuatro pilares para vivir en plena forma con una salud de hierro” (pp. 299 y 300) Grijalbo.

     Estimado lector o lectora, en el último párrafo, te señalo en negrilla los cuatro pilares de la salud cardiovascular que Abellán nos explica a lo largo del libro.

Un saludo muy afectuoso.

Paulino.

https://www.instagram.com/iglesias.paulino/ )

martes, 17 de diciembre de 2024

¿Por dónde se sale?

        La psiquiatra Anabel González (www.anabelgonzalez.es) estuvo en el Club Faro de Vigo el lunes 22 de mayo de 2024 acompañada de Lucía Trillo para la presentación de su libro ¿Por dónde se sale? Cómo deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro” (Editorial Planeta).

        Anabel González es psiquiatra, psicoterapeuta y desde hace años imparte formación a otros especialistas y es entrenadora acreditada de terapia EMDR (en español, Desensibilización y Reprocesamiento por medio de Movimientos Oculares).

        Con este artículo completo la TRILOGÍA que realicé de Anabel González. El primer libro fue “ Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor (https://paulino-iglesias.blogspot.com/2024/10/lo-bueno-de-tener-un-mal-dia.html ) que fue traducido a varias lenguas y el segundo fue: “Las cicatrices no duelen. Cómo sanar nuestras heridas y deshacer los nudos emocionales (https://paulino-iglesias.blogspot.com/2024/12/las-cicatrices-no-duelen.html), todos de la editorial Planeta.

         Estimados lectores y lectoras coincidiréis conmigo en que hay momentos que nos encontramos en un LABERINTO del que nos cuesta salir, en el que podemos sentir MIEDO; pero Anabel González va a darnos algunas PISTAS para encontrar la SALIDA.

        ¿Cómo podemos aliviar el malestar psicológico? El miedo, la angustia, las obsesiones o la ansiedad son laberintos en los que es fácil sentirnos perdidos. Entender estos estados mentales y, sobre todo, aprender a encontrar una salida es uno de los objetivos de este libro”

        González, A. (2023): “¿Por dónde se sale? Cómo  deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro”. (Contraportada). Planeta.

        Las cuatro PISTAS que yo saqué del libro de Anabel González para compartir con vosotros/as son:

        Pista 1: LA SOLUCIÓN AL MIEDO NO ES LA CALMA, ES LA SEGURIDAD.

        Pista 2: REFLEXIONAMOS PARA ENTENDERNOS NOSOTROS, A LOS DEMÁS Y LAS RELACIONES.

        Pista 3: DECÍDETE A EXPLORAR CON CURIOSIDAD PARA ADQUIRIR LA AUTONOMÍA EMOCIONAL.

        Pista 4: TEN CONFIANZA EN CAMINAR, AUNQUE SEA CON UN POCO DE MIEDO.

         Espero que tanto estas pistas, como el camino a la seguridad que nos enseña Anabel González a lo largo del libro os ayuden a encontrar la SALIDA de cualquier LABERINTO en el que puedas encontrarte.

Pista 1: LA SOLUCIÓN AL MIEDO NO ES LA CALMA, ES LA SEGURIDAD

         “En lugar de dejar lo mejor para el final, vamos a empezar con un spoiler: la solución al miedo no es la calma, es la seguridad. Si alguien se ha aproximado a este libro esperando encontrar parches que hagan desaparecer mágicamente el miedo, irá entendiendo capítulo a capítulo que la seguridad no nace de la magia, sino de la reflexión. Podemos tener momentos de relativa tranquilidad, pero si no contamos con (o aprendemos a hacer crecer) una sensación interna de seguridad, el miedo puede volver a apoderarse de nosotros fácilmente. Mientras que la calma es efímera, la seguridad echa raíces en el suelo y nos sostiene. Incluso cuando el viento sopla fuerte.

        La seguridad es un sentimiento interno de confianza, que está latente y nos acompaña tanto en los momentos de tranquilidad como cuando afrontamos dificultades y peligros. Hay cosas en la vida que hacen que nuestra seguridad se tambalee, pero yendo al fondo de nosotros logramos reconstruirnos, porque, pese a todo, esa sensación sigue ahí. Cuando vienen dificultades, podemos cargar nuestra batería de seguridad a través de la conexión con otras personas, sobre todos esos a los que llamamos “los nuestros”, pero a veces también podemos absorberla de contactos fugaces con auténticos desconocidos. Muchas personas se obsesionan por hacer desaparecer el miedo, pero lo realmente interesante, porque además es a prueba de imprevistos, es hacer crecer la seguridad.

        La seguridad, por tanto, no anula el miedo, porque el miedo es necesario, pero nos ayuda a que no se quede a vivir dentro de nosotros”.

        González, A. (2023): “¿Por dónde se sale? Cómo  deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro” (pp. 14 y 15). Planeta.

Pista 2: REFLEXIONAMOS PARA ENTENDERNOS NOSOTROS, A LOS DEMÁS Y LAS RELACIONES.

        “A veces creemos que sentirnos seguros es mostrarnos seguros. O, al menos, tratamos de disimular nuestra inseguridad con convicción. Afirmamos rotundamente (más alto de lo necesario) lo que opinamos, para que los demás no nos hagan dudar o para ganar una discusión. La convicción es siempre un problema, ya que nos aleja de un elemento central de la seguridad: la reflexión.

        Claro, la reflexión puede avivar nuestra inseguridad, ¡hay tantas cosas que tener en cuenta!, pero si nos vamos moviendo por este territorio, nos familiarizaremos con él. Para mí, la reflexión está muy cerca del pensamiento científico, el de verdad, el que nunca afirma de modo tajante y nunca habla sin datos y sin explorar. No es nada fácil, pero es la única alternativa viable. Las personas seguras hablan “con conocimiento de causa” y no tienen problema en reconocer cuando no saben de un tema o cuando han de cambiar de opinión, precisamente porque se sienten seguras de sí mismas.

        La reflexión tiene que ver con mirar hacia dentro, pero también con entender lo que nos rodea y, lo más difícil, entender a los demás y cómo funcionan las relaciones. No va de darles vueltas a las cosas, porque a veces lo que hacemos es girar en círculos alrededor siempre del mismo punto y del mismo modo. A este pensamiento circular lo llamamos rumiación, y no suele llevar a ningún sitio productivo, más bien intensifica el malestar.

        Entendernos nosotros es un paso fundamental. Algunas personas que no se entienden a sí mismas dedican gran parte de su energía a dilucidar los estados emocionales de los demás, pero lo hacen sobre todo porque creen que han de protegerse de ellos o adaptarse a lo que los otros quieren. Podemos no preocuparnos de nuestras necesidades ni darles respuesta y a la vez estar volcados en que los demás estén satisfechos, pero, de nuevo aquí no hay reflexión. Cuidar a otros, a veces compulsivamente, puede ser un modo de sentir algo de control en las relaciones cuando no tenemos acceso a la seguridad. A la seguridad solo podemos llegar a través de una mirada realista hacia nuestro mundo interno y el mundo interno del otro. Entendemos que la mente del otro funciona diferente a la nuestra, y que es autónoma y se rige por sus propias opiniones, motivaciones y emociones. Como hemos ido diciendo a lo largo del libro, la buena noticia es que este tipo de seguridad puede aprenderse”.

        González, A. (2023): “¿Por dónde se sale? Cómo  deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro” (pp. 224 y 225). Planeta.

Pista 3: DECÍDETE A EXPLORAR CON CURIOSIDAD PARA ADQUIRIR LA AUTONOMÍA EMOCIONAL.

        ”Ahora que somos adultos, tenemos autonomía real, porque ya tomamos nuestras propias decisiones y podemos vivir de modo independiente, pero puede que no tengamos autonomía emocional.

        Aprender a explorar forma parte del proceso necesario para adquirirla. ¿Qué quiere esto decir en concreto? Que el proceso de adquirir seguridad no es únicamente un trabajo de introspección, no basta con mirar hacia dentro, aunque es fundamental, y seguramente será el sitio para empezar. Cuando hayamos cargado un poco las baterías, hemos de empezar a aventurarnos en el mundo, en las relaciones, en lo nuevo. Necesitamos cultivar la curiosidad e ir haciendo que esta sustituya al miedo como motivo central de nuestros actos”.

        González, A. (2023): “¿Por dónde se sale? Cómo  deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro” (pp. 267 y 268). Planeta.

     Pista 4: TEN CONFIANZA EN CAMINAR, AUNQUE SEA CON UN POCO DE MIEDO.

     “La seguridad no viene de pensar que todo irá bien, porque la vida a veces se pone muy complicada. Tampoco se deriva de sentir que lo tenemos todo bajo control, porque tarde o temprano ocurrirán cosas impredecibles que escaparán a él. La seguridad crece con la curiosidad, la reflexión y la confianza.

        El camino para llegar a la seguridad pasa a través del miedo, del miedo a mirarnos por dentro y a conectarnos con los demás, de atrevernos a empezar el viaje antes de que el miedo se haya diluido por completo. El miedo será nuestro motivo para emprender la aventura y nuestro compañero en parte de ella. En ese camino, el miedo irá, poco a poco, dejando su lugar a la seguridad. Otro día, seguramente, el miedo se reactivará, pero, si seguimos avanzando, cada vez que volvamos a conectar con la seguridad, la sensación será más clara, más profunda, más sólida. Entonces sabremos que hemos llegado a lo que siempre hemos necesitado”.

        González, A. (2023): “¿Por dónde se sale? Cómo  deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro” (p. 277). Planeta.

 

        Espero que encuentres la SALIDA a todos esos laberintos en los que puedas encontrarte a lo largo de la vida.

        Can cariño.

        Paulino.

     ( https://www.instagram.com/iglesias.paulino/ )

        Vídeo corto sobre el miedo:


Vídeo más largo sobre la trilogía de Anabel González que os comparto:


 

martes, 3 de diciembre de 2024

Las cicatrices no duelen

        La doctora Anabel González (www.anabelgonzalez.es) visitó el Club Faro en Vigo para la presentación de su libro “¿Por dónde se sale?” (Editorial Planeta) pero en este artículo te hablo de un libro anterior “Las cicatrices no duelen. Cómo sanar nuestras heridas y deshacer los nudos emocionales  (Editorial Planeta)

        Anabel González es psiquiatra y psicoterapeuta y desde hace años imparte formación a otros especialistas y es entrenadora acreditada de terapia EMDR (en español, Desensibilización y Reprocesamiento por medio de Movimientos Oculares). Su anterior libro, Lo bueno de tener un mal día  del que escribí un artículo anterior (https://paulino-iglesias.blogspot.com/2024/10/lo-bueno-de-tener-un-mal-dia.html ) ha sido traducido a varias lenguas.

         ¿Que nos muestra Anabel en este libro?

        “Es duro sufrir un problema psicológico, obsesionarse con algo y no saber salir, sentir que te hundes sin poder remontar, vivir con angustia sin encontrar cómo calmarte. Con este libro, quiero mostrar cómo se pueden romper los nudos emocionales que nos atan al pasado, cómo curar las heridas que nos impiden decidir con libertad y pasar a sentirnos orgullosos de las viejas cicatrices que forman parte de quiénes somos. En definitiva, la razón de mirar atrás es realmente cambiar el presente y disfrutar de verdad de lo que somos ahora”.

        González, A. (2021): “Las cicatrices no duelen. Cómo sanar nuestras heridas y deshacer los nudos emocionales”. (pp. 11 y 12). Planeta.

        Del libro de Anabel te extraigo solamente dos historias o casos clínicos muy emocionantes, en el primero puedes ver en qué consiste la terapia EMDR y en el segundo, la psiquiatra confirma que las terapias orientadas al trauma pueden ayudar a las personas con cuadros psicóticos, esquizofrénicas o trastornos bipolares.

        ¿En qué consiste la terapia EMDR (en español, Desensibilización y Reprocesamiento por medio de Movimientos Oculares)?

        En esta primera historia, que nos cuenta Anabel,  creo que se puede ver la esencia de esta terapia; que luego también desarrolla en otras historias, con resultados muy interesantes:

         “Contaré muchas historias en este libro que, si bien se inspiran en las personas a las que he tratado, están modificadas en muchos aspectos para preservar su privacidad. Una de ellas es la de Ramón, un hombre de cuarenta y seis años que trabajaba en una fábrica química. Mientras conducía por la autopista, sintió un súbito impulso de estrellar el coche. Estaba asustado, no entendía lo que había pasado, él no había tenido previamente ninguna intención de quitarse la vida. Dos años antes, Ramón había acudido con síntomas de depresión a la unidad de salud mental en la que yo trabajaba. No lo relacionó con ninguna experiencia concreta, así que le dieron medicación antidepresiva y mejoró en unos meses. Llevaba ya más de un año sin tomar ningún tratamiento y todo parecía ir bien…hasta ese día.

        Cuando me contaba el impulso que sintió en el coche, le pedí a Ramón que se fijase en la sensación que sentía el cuerpo. Notaba una especie de angustia en la zona del estómago. Le sugerí entonces que, centrándose en esa sensación, dejara ir su mente hacia atrás en el tiempo hasta la primera vez en que notó algo similar, aunque la situación fuese totalmente distinta. Tras un minuto, abrió los ojos sorprendido y me contó una historia que inicialmente no había conectado con el incidente del coche ni con su pasada depresión.

Bastante tiempo atrás, hubo un accidente en la fábrica donde trabajaba. Un compañero suyo cayó en un bidón de residuos tóxicos y él, instintivamente, trató de ayudarlo. Estaba claro que nadie que se sumergiera en aquella sustancia sobreviviría, pero Ramón metió la mano, localizó el cuerpo de su compañero y, al tirar con fuerza, notó que algo crujía. Mientras sacaban al compañero muerto, él no dejaba de pensar que le había roto el cuello. Aunque entendía que no había sido responsable, aquel recuerdo aún le producía mucha angustia. Contra toda lógica, Ramón se sentía culpable.

[…]

        …, el accidente de su amigo parecía un hecho tan claramente traumático que le propuse a Ramón recurrir a la terapia EMDR. Así que, sin hablar demasiado sobre la situación, nos pusimos manos a la obra. Le pedí que se centrara en el peor momento (el chasquido que notó al tirar hacia arriba del cuerpo de su compañero), en su creencia “soy culpable”, en la emoción de impotencia que aún le producía y en aquella sensación que sentía en el estómago. Le indiqué que, notando eso, siguiese mis dedos —que dibujaban una línea horizontal de lado a lado— con los ojos, sin mover la cabeza.

        Entonces ocurrió otra cosa sorprendente. Primero, de un modo muy rápido, entre tanda y tanda de movimientos oculares, Ramón empezó a describirme cambios en el recuerdo de aquella experiencia, iba observando cómo la imagen perdía fuerza. La sensación de su estómago comenzó a aflojarse; luego, se desplazó; y, finalmente desapareció. Pero lo más curioso fue la conclusión a la que llegó: “Esto que me estás haciendo… influye en el cerebro, ¿verdad?”. De algún modo, aquel hombre, que no sabía nada sobre psicología ni sobre la terapia que estábamos llevando a cabo, al que yo no había tratado de convencer de nada, me estaba describiendo lo mismo que me habían explicado en la formación sobre el EMDR: el movimiento ocular produce un efecto directo sobre el sistema nervioso y sobre la memorias no procesadas. Al acabar la sesión, Ramón ya no sentía malestar alguno ante aquel recuerdo que lo había atormentado y que ahora se había alejado para siempre. La culpa se había ido sin más, sin que tuviésemos que hablar de ello ni analizar nada. Vi a Ramón cierto tiempo después: aquel impulso no volvió a presentarse y él no necesitó, como la vez anterior, tomar ninguna medicación.

        Este resultado despertó mi curiosidad y me hizo seguir probando el mismo sistema en otras personas. No en todas se produjo un cambio tan llamativo, y menos en una sola sesión, pero los efectos positivos me animaron a continuar profundizando. Muchos pacientes con los que llevaba tiempo trabajando entendían qué debían cambiar para mejorar, pero aún así no conseguían avanzar más. Al trabajar con el EMDR, sin embargo, parecían desbloquearse definitivamente. Es como si este procedimiento trabajase a otro nivel, a mayor profundidad, en la base del problema. En esta forma de entender el funcionamiento de la mente humana se enlazaban el presente y el pasado, los pensamientos, las emociones y el cuerpo, de un modo que para mí tenía mucho sentido”.

        González, A. (2021): “Las cicatrices no duelen. Cómo sanar nuestras heridas y deshacer los nudos emocionales”. (pp. 14-16). Planeta.

        ¿Y qué sucede cuando la mente se rompe?

        En esta segunda historia conmovedora y tierna, Anabel prueba a utilizar la terapia EMDR con personas con trastorno mental grave:

        “Agustina era una mujer mayor que, desde hacía unos años, venía a mi consulta en la unidad de salud mental en la que trabajaba entonces. Tenía síntomas claros de esquizofrenia. Sentía continuamente que la gente le enviaba mensajes que la advertían de que no podía hacer lo que le gustaba o, de lo contrario, aquellos  a los que quería sufrirían consecuencias. Apenas se relacionaba más que con su hijo y su perro, pero la aterrorizaba que pudiera pasarles algo. En realidad, Agustina llevaba sintiendo estas sensaciones desde hacía muchos años, pero, mientras fueron únicamente referidos a ella, decidió aguantar y no comentarlo con nadie.

        Cuando me formaba como residente de psiquiatría, mis tutores se esforzaron en explicarme que los pacientes como Agustina eran muy delicados y que debíamos tener cuidado con las intervenciones que hacíamos. Eran personas con un nivel de sufrimiento muy grande, que generalmente sentían que todo a su alrededor era hostil, y en su cabeza se mezclaban las ideas sin que pudiesen discriminar si tenían o no verosimilitud. Por ello, los profesionales teníamos que evitar a toda costa confundirlos más, necesitábamos ayudarlos a ver la realidad y cómo su mente la distorsionaba, y teníamos que centrarnos en buscar una medicación que ayudase a su cerebro a conectar únicamente aquello que realmente estaba relacionado. Solo los fármacos, me decían, han demostrado su efecto. Hacer terapias, sobre todo si iban encaminadas a buscar en la historia del paciente, era equivalente a “revolver” un cerebro ya de por sí muy desorganizado, y podría ser contraproducente. Con esta idea hemos funcionado muchas generaciones de psiquiatras.

        Agustina iba a enseñarme una lección muy importante: estábamos equivocados. Por ello, no puedo terminar este libro sin hacer honor a quien fue una de mis maestras. Más tarde, la investigación ha confirmado que las terapias orientadas al trauma pueden ayudar a las personas con cuadros psicóticos, y que estas no se descompensan porque las ayudemos con este tipo de herramientas.

        Con Agustina probamos todo tipo de fármacos que funcionaban en muchos pacientes. Sin embargo, nada parecía ayudar a esta mujer. Es más, su estado se deterioraba a pasos agigantados, cada vez la veía más desmejorada, incluso físicamente, porque adelgazaba día tras día, y estaba planteándome la necesidad de ingresarla. Antes de hacer esto, hablé con ella sobre la posibilidad de trabajar con EMDR. Estuvo de acuerdo, así que nos pusimos a ello.

        Trabajamos en concreto la etapa anterior a que empezaran sus síntomas, mucho tiempo atrás, cuando su hijo aún era pequeño. Agustina vivía entonces con sus padres y el niño, y, en sus propias palabras, “se sentía muy sola”. Esto nos da una idea de cómo podría ser la relación con sus padres. Pero realmente las claves aparecieron cuando empezamos a procesar ese recuerdo. Poco a poco, empezó a asociar aquel momento con una madre muy fría que frecuentemente se dirigía a ella con insultos. Para salir de aquel ambiente, Agustina se casó con el padre de su hijo, que la maltrató durante años. Como ella nunca había sido importante para nadie, no consideró tampoco que su sufrimiento importara. Cuando nació su hijo, pudo reaccionar y volver a casa de sus padres. Sin embargo, esto reactivó las difíciles vivencias de su infancia. Y aparecieron sus síntomas. Su mente le decía, sintiéndolo ella como una comunicación telepática de cuantos la rodeaban, que no tenía derecho a disfrutar, que no tenía derecho a vivir, que no tenía derecho a nada.

        En medio de estos fragmentos de su historia que se desvelaban entre tanda y tanda de movimientos oculares, Agustina me regaló muchas reflexiones sobre el proceso que estábamos haciendo juntas: “Me estoy sintiendo un poco persona… Me siento un poco persona. Siempre me había sentido como un animal, siempre…”, “Nunca me valoré, nunca”. “¿Esto que me están haciendo es una revolución, verdad, en la terapia?”, “¡Cómo me gustaría que esto se lo hicieran a mi hijo, él también tiene muchos problemas!”

        El declive mental y físico de Agustina empezó a remontar de un modo claro después de esta sesión. Seguimos trabajando en más recuerdos y, con mucha menos medicación, su cuadro se estabilizó. Aunque le costaba mucho relacionarse —llevaba toda la vida funcionando desde un patrón de aislamiento—, pudo ser más afectiva con su hijo y salir un poco de su encierro. Agustina me enseñó que no solo se puede trabajar con pacientes que sufren este tipo de problemas, sino que debemos hacerlo. De lo contrario, dejamos que personas con problemas mentales graves mantengan grandes dosis de sufrimiento que podría ser aliviado, dejamos que arrastren pesadas mochilas llenas de piedras que apenas pueden levantar”.

        González, A. (2021): “Las cicatrices no duelen. Cómo sanar nuestras heridas y deshacer los nudos emocionales”. (pp. 217-221). Planeta.

        Y finalizo este artículo con el párrafo de la solapa interior de la contraportada:

        “No importa lo mucho que todavía sigan doliendo las heridas: si las destapamos, quitamos lo que las contamina y dejamos que el organismo vuelva a poner en marcha su capacidad para curarse, se convertirán en cicatrices. Y las cicatrices no duelen”.

        Un saludo muy afectuoso.

        Paulino

         Vídeo de presentación de su libro:


(Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=dnd2UYXzNfs)

        Vídeo de una charla de Anabel en “Aprendemos Juntos 2030” de BBVA: