martes, 17 de diciembre de 2024

¿Por dónde se sale?

        La psiquiatra Anabel González (www.anabelgonzalez.es) estuvo en el Club Faro de Vigo el lunes 22 de mayo de 2024 acompañada de Lucía Trillo para la presentación de su libro ¿Por dónde se sale? Cómo deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro” (Editorial Planeta).

        Anabel González es psiquiatra, psicoterapeuta y desde hace años imparte formación a otros especialistas y es entrenadora acreditada de terapia EMDR (en español, Desensibilización y Reprocesamiento por medio de Movimientos Oculares).

        Con este artículo completo la TRILOGÍA que realicé de Anabel González. El primer libro fue “ Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor (https://paulino-iglesias.blogspot.com/2024/10/lo-bueno-de-tener-un-mal-dia.html ) que fue traducido a varias lenguas y el segundo fue: “Las cicatrices no duelen. Cómo sanar nuestras heridas y deshacer los nudos emocionales (https://paulino-iglesias.blogspot.com/2024/12/las-cicatrices-no-duelen.html), todos de la editorial Planeta.

         Estimados lectores y lectoras coincidiréis conmigo en que hay momentos que nos encontramos en un LABERINTO del que nos cuesta salir, en el que podemos sentir MIEDO; pero Anabel González va a darnos algunas PISTAS para encontrar la SALIDA.

        ¿Cómo podemos aliviar el malestar psicológico? El miedo, la angustia, las obsesiones o la ansiedad son laberintos en los que es fácil sentirnos perdidos. Entender estos estados mentales y, sobre todo, aprender a encontrar una salida es uno de los objetivos de este libro”

        González, A. (2023): “¿Por dónde se sale? Cómo  deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro”. (Contraportada). Planeta.

        Las cuatro PISTAS que yo saqué del libro de Anabel González para compartir con vosotros/as son:

        Pista 1: LA SOLUCIÓN AL MIEDO NO ES LA CALMA, ES LA SEGURIDAD.

        Pista 2: REFLEXIONAMOS PARA ENTENDERNOS NOSOTROS, A LOS DEMÁS Y LAS RELACIONES.

        Pista 3: DECÍDETE A EXPLORAR CON CURIOSIDAD PARA ADQUIRIR LA AUTONOMÍA EMOCIONAL.

        Pista 4: TEN CONFIANZA EN CAMINAR, AUNQUE SEA CON UN POCO DE MIEDO.

         Espero que tanto estas pistas, como el camino a la seguridad que nos enseña Anabel González a lo largo del libro os ayuden a encontrar la SALIDA de cualquier LABERINTO en el que puedas encontrarte.

Pista 1: LA SOLUCIÓN AL MIEDO NO ES LA CALMA, ES LA SEGURIDAD

         “En lugar de dejar lo mejor para el final, vamos a empezar con un spoiler: la solución al miedo no es la calma, es la seguridad. Si alguien se ha aproximado a este libro esperando encontrar parches que hagan desaparecer mágicamente el miedo, irá entendiendo capítulo a capítulo que la seguridad no nace de la magia, sino de la reflexión. Podemos tener momentos de relativa tranquilidad, pero si no contamos con (o aprendemos a hacer crecer) una sensación interna de seguridad, el miedo puede volver a apoderarse de nosotros fácilmente. Mientras que la calma es efímera, la seguridad echa raíces en el suelo y nos sostiene. Incluso cuando el viento sopla fuerte.

        La seguridad es un sentimiento interno de confianza, que está latente y nos acompaña tanto en los momentos de tranquilidad como cuando afrontamos dificultades y peligros. Hay cosas en la vida que hacen que nuestra seguridad se tambalee, pero yendo al fondo de nosotros logramos reconstruirnos, porque, pese a todo, esa sensación sigue ahí. Cuando vienen dificultades, podemos cargar nuestra batería de seguridad a través de la conexión con otras personas, sobre todos esos a los que llamamos “los nuestros”, pero a veces también podemos absorberla de contactos fugaces con auténticos desconocidos. Muchas personas se obsesionan por hacer desaparecer el miedo, pero lo realmente interesante, porque además es a prueba de imprevistos, es hacer crecer la seguridad.

        La seguridad, por tanto, no anula el miedo, porque el miedo es necesario, pero nos ayuda a que no se quede a vivir dentro de nosotros”.

        González, A. (2023): “¿Por dónde se sale? Cómo  deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro” (pp. 14 y 15). Planeta.

Pista 2: REFLEXIONAMOS PARA ENTENDERNOS NOSOTROS, A LOS DEMÁS Y LAS RELACIONES.

        “A veces creemos que sentirnos seguros es mostrarnos seguros. O, al menos, tratamos de disimular nuestra inseguridad con convicción. Afirmamos rotundamente (más alto de lo necesario) lo que opinamos, para que los demás no nos hagan dudar o para ganar una discusión. La convicción es siempre un problema, ya que nos aleja de un elemento central de la seguridad: la reflexión.

        Claro, la reflexión puede avivar nuestra inseguridad, ¡hay tantas cosas que tener en cuenta!, pero si nos vamos moviendo por este territorio, nos familiarizaremos con él. Para mí, la reflexión está muy cerca del pensamiento científico, el de verdad, el que nunca afirma de modo tajante y nunca habla sin datos y sin explorar. No es nada fácil, pero es la única alternativa viable. Las personas seguras hablan “con conocimiento de causa” y no tienen problema en reconocer cuando no saben de un tema o cuando han de cambiar de opinión, precisamente porque se sienten seguras de sí mismas.

        La reflexión tiene que ver con mirar hacia dentro, pero también con entender lo que nos rodea y, lo más difícil, entender a los demás y cómo funcionan las relaciones. No va de darles vueltas a las cosas, porque a veces lo que hacemos es girar en círculos alrededor siempre del mismo punto y del mismo modo. A este pensamiento circular lo llamamos rumiación, y no suele llevar a ningún sitio productivo, más bien intensifica el malestar.

        Entendernos nosotros es un paso fundamental. Algunas personas que no se entienden a sí mismas dedican gran parte de su energía a dilucidar los estados emocionales de los demás, pero lo hacen sobre todo porque creen que han de protegerse de ellos o adaptarse a lo que los otros quieren. Podemos no preocuparnos de nuestras necesidades ni darles respuesta y a la vez estar volcados en que los demás estén satisfechos, pero, de nuevo aquí no hay reflexión. Cuidar a otros, a veces compulsivamente, puede ser un modo de sentir algo de control en las relaciones cuando no tenemos acceso a la seguridad. A la seguridad solo podemos llegar a través de una mirada realista hacia nuestro mundo interno y el mundo interno del otro. Entendemos que la mente del otro funciona diferente a la nuestra, y que es autónoma y se rige por sus propias opiniones, motivaciones y emociones. Como hemos ido diciendo a lo largo del libro, la buena noticia es que este tipo de seguridad puede aprenderse”.

        González, A. (2023): “¿Por dónde se sale? Cómo  deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro” (pp. 224 y 225). Planeta.

Pista 3: DECÍDETE A EXPLORAR CON CURIOSIDAD PARA ADQUIRIR LA AUTONOMÍA EMOCIONAL.

        ”Ahora que somos adultos, tenemos autonomía real, porque ya tomamos nuestras propias decisiones y podemos vivir de modo independiente, pero puede que no tengamos autonomía emocional.

        Aprender a explorar forma parte del proceso necesario para adquirirla. ¿Qué quiere esto decir en concreto? Que el proceso de adquirir seguridad no es únicamente un trabajo de introspección, no basta con mirar hacia dentro, aunque es fundamental, y seguramente será el sitio para empezar. Cuando hayamos cargado un poco las baterías, hemos de empezar a aventurarnos en el mundo, en las relaciones, en lo nuevo. Necesitamos cultivar la curiosidad e ir haciendo que esta sustituya al miedo como motivo central de nuestros actos”.

        González, A. (2023): “¿Por dónde se sale? Cómo  deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro” (pp. 267 y 268). Planeta.

     Pista 4: TEN CONFIANZA EN CAMINAR, AUNQUE SEA CON UN POCO DE MIEDO.

     “La seguridad no viene de pensar que todo irá bien, porque la vida a veces se pone muy complicada. Tampoco se deriva de sentir que lo tenemos todo bajo control, porque tarde o temprano ocurrirán cosas impredecibles que escaparán a él. La seguridad crece con la curiosidad, la reflexión y la confianza.

        El camino para llegar a la seguridad pasa a través del miedo, del miedo a mirarnos por dentro y a conectarnos con los demás, de atrevernos a empezar el viaje antes de que el miedo se haya diluido por completo. El miedo será nuestro motivo para emprender la aventura y nuestro compañero en parte de ella. En ese camino, el miedo irá, poco a poco, dejando su lugar a la seguridad. Otro día, seguramente, el miedo se reactivará, pero, si seguimos avanzando, cada vez que volvamos a conectar con la seguridad, la sensación será más clara, más profunda, más sólida. Entonces sabremos que hemos llegado a lo que siempre hemos necesitado”.

        González, A. (2023): “¿Por dónde se sale? Cómo  deshacer el miedo, aliviar el malestar psicológico y adquirir un apego seguro” (p. 277). Planeta.

 

        Espero que encuentres la SALIDA a todos esos laberintos en los que puedas encontrarte a lo largo de la vida.

        Can cariño.

        Paulino.

     ( https://www.instagram.com/iglesias.paulino/ )

        Vídeo corto sobre el miedo:


Vídeo más largo sobre la trilogía de Anabel González que os comparto:


 

martes, 3 de diciembre de 2024

Las cicatrices no duelen

        La doctora Anabel González (www.anabelgonzalez.es) visitó el Club Faro en Vigo para la presentación de su libro “¿Por dónde se sale?” (Editorial Planeta) pero en este artículo te hablo de un libro anterior “Las cicatrices no duelen. Cómo sanar nuestras heridas y deshacer los nudos emocionales  (Editorial Planeta)

        Anabel González es psiquiatra y psicoterapeuta y desde hace años imparte formación a otros especialistas y es entrenadora acreditada de terapia EMDR (en español, Desensibilización y Reprocesamiento por medio de Movimientos Oculares). Su anterior libro, Lo bueno de tener un mal día  del que escribí un artículo anterior (https://paulino-iglesias.blogspot.com/2024/10/lo-bueno-de-tener-un-mal-dia.html ) ha sido traducido a varias lenguas.

         ¿Que nos muestra Anabel en este libro?

        “Es duro sufrir un problema psicológico, obsesionarse con algo y no saber salir, sentir que te hundes sin poder remontar, vivir con angustia sin encontrar cómo calmarte. Con este libro, quiero mostrar cómo se pueden romper los nudos emocionales que nos atan al pasado, cómo curar las heridas que nos impiden decidir con libertad y pasar a sentirnos orgullosos de las viejas cicatrices que forman parte de quiénes somos. En definitiva, la razón de mirar atrás es realmente cambiar el presente y disfrutar de verdad de lo que somos ahora”.

        González, A. (2021): “Las cicatrices no duelen. Cómo sanar nuestras heridas y deshacer los nudos emocionales”. (pp. 11 y 12). Planeta.

        Del libro de Anabel te extraigo solamente dos historias o casos clínicos muy emocionantes, en el primero puedes ver en qué consiste la terapia EMDR y en el segundo, la psiquiatra confirma que las terapias orientadas al trauma pueden ayudar a las personas con cuadros psicóticos, esquizofrénicas o trastornos bipolares.

        ¿En qué consiste la terapia EMDR (en español, Desensibilización y Reprocesamiento por medio de Movimientos Oculares)?

        En esta primera historia, que nos cuenta Anabel,  creo que se puede ver la esencia de esta terapia; que luego también desarrolla en otras historias, con resultados muy interesantes:

         “Contaré muchas historias en este libro que, si bien se inspiran en las personas a las que he tratado, están modificadas en muchos aspectos para preservar su privacidad. Una de ellas es la de Ramón, un hombre de cuarenta y seis años que trabajaba en una fábrica química. Mientras conducía por la autopista, sintió un súbito impulso de estrellar el coche. Estaba asustado, no entendía lo que había pasado, él no había tenido previamente ninguna intención de quitarse la vida. Dos años antes, Ramón había acudido con síntomas de depresión a la unidad de salud mental en la que yo trabajaba. No lo relacionó con ninguna experiencia concreta, así que le dieron medicación antidepresiva y mejoró en unos meses. Llevaba ya más de un año sin tomar ningún tratamiento y todo parecía ir bien…hasta ese día.

        Cuando me contaba el impulso que sintió en el coche, le pedí a Ramón que se fijase en la sensación que sentía el cuerpo. Notaba una especie de angustia en la zona del estómago. Le sugerí entonces que, centrándose en esa sensación, dejara ir su mente hacia atrás en el tiempo hasta la primera vez en que notó algo similar, aunque la situación fuese totalmente distinta. Tras un minuto, abrió los ojos sorprendido y me contó una historia que inicialmente no había conectado con el incidente del coche ni con su pasada depresión.

Bastante tiempo atrás, hubo un accidente en la fábrica donde trabajaba. Un compañero suyo cayó en un bidón de residuos tóxicos y él, instintivamente, trató de ayudarlo. Estaba claro que nadie que se sumergiera en aquella sustancia sobreviviría, pero Ramón metió la mano, localizó el cuerpo de su compañero y, al tirar con fuerza, notó que algo crujía. Mientras sacaban al compañero muerto, él no dejaba de pensar que le había roto el cuello. Aunque entendía que no había sido responsable, aquel recuerdo aún le producía mucha angustia. Contra toda lógica, Ramón se sentía culpable.

[…]

        …, el accidente de su amigo parecía un hecho tan claramente traumático que le propuse a Ramón recurrir a la terapia EMDR. Así que, sin hablar demasiado sobre la situación, nos pusimos manos a la obra. Le pedí que se centrara en el peor momento (el chasquido que notó al tirar hacia arriba del cuerpo de su compañero), en su creencia “soy culpable”, en la emoción de impotencia que aún le producía y en aquella sensación que sentía en el estómago. Le indiqué que, notando eso, siguiese mis dedos —que dibujaban una línea horizontal de lado a lado— con los ojos, sin mover la cabeza.

        Entonces ocurrió otra cosa sorprendente. Primero, de un modo muy rápido, entre tanda y tanda de movimientos oculares, Ramón empezó a describirme cambios en el recuerdo de aquella experiencia, iba observando cómo la imagen perdía fuerza. La sensación de su estómago comenzó a aflojarse; luego, se desplazó; y, finalmente desapareció. Pero lo más curioso fue la conclusión a la que llegó: “Esto que me estás haciendo… influye en el cerebro, ¿verdad?”. De algún modo, aquel hombre, que no sabía nada sobre psicología ni sobre la terapia que estábamos llevando a cabo, al que yo no había tratado de convencer de nada, me estaba describiendo lo mismo que me habían explicado en la formación sobre el EMDR: el movimiento ocular produce un efecto directo sobre el sistema nervioso y sobre la memorias no procesadas. Al acabar la sesión, Ramón ya no sentía malestar alguno ante aquel recuerdo que lo había atormentado y que ahora se había alejado para siempre. La culpa se había ido sin más, sin que tuviésemos que hablar de ello ni analizar nada. Vi a Ramón cierto tiempo después: aquel impulso no volvió a presentarse y él no necesitó, como la vez anterior, tomar ninguna medicación.

        Este resultado despertó mi curiosidad y me hizo seguir probando el mismo sistema en otras personas. No en todas se produjo un cambio tan llamativo, y menos en una sola sesión, pero los efectos positivos me animaron a continuar profundizando. Muchos pacientes con los que llevaba tiempo trabajando entendían qué debían cambiar para mejorar, pero aún así no conseguían avanzar más. Al trabajar con el EMDR, sin embargo, parecían desbloquearse definitivamente. Es como si este procedimiento trabajase a otro nivel, a mayor profundidad, en la base del problema. En esta forma de entender el funcionamiento de la mente humana se enlazaban el presente y el pasado, los pensamientos, las emociones y el cuerpo, de un modo que para mí tenía mucho sentido”.

        González, A. (2021): “Las cicatrices no duelen. Cómo sanar nuestras heridas y deshacer los nudos emocionales”. (pp. 14-16). Planeta.

        ¿Y qué sucede cuando la mente se rompe?

        En esta segunda historia conmovedora y tierna, Anabel prueba a utilizar la terapia EMDR con personas con trastorno mental grave:

        “Agustina era una mujer mayor que, desde hacía unos años, venía a mi consulta en la unidad de salud mental en la que trabajaba entonces. Tenía síntomas claros de esquizofrenia. Sentía continuamente que la gente le enviaba mensajes que la advertían de que no podía hacer lo que le gustaba o, de lo contrario, aquellos  a los que quería sufrirían consecuencias. Apenas se relacionaba más que con su hijo y su perro, pero la aterrorizaba que pudiera pasarles algo. En realidad, Agustina llevaba sintiendo estas sensaciones desde hacía muchos años, pero, mientras fueron únicamente referidos a ella, decidió aguantar y no comentarlo con nadie.

        Cuando me formaba como residente de psiquiatría, mis tutores se esforzaron en explicarme que los pacientes como Agustina eran muy delicados y que debíamos tener cuidado con las intervenciones que hacíamos. Eran personas con un nivel de sufrimiento muy grande, que generalmente sentían que todo a su alrededor era hostil, y en su cabeza se mezclaban las ideas sin que pudiesen discriminar si tenían o no verosimilitud. Por ello, los profesionales teníamos que evitar a toda costa confundirlos más, necesitábamos ayudarlos a ver la realidad y cómo su mente la distorsionaba, y teníamos que centrarnos en buscar una medicación que ayudase a su cerebro a conectar únicamente aquello que realmente estaba relacionado. Solo los fármacos, me decían, han demostrado su efecto. Hacer terapias, sobre todo si iban encaminadas a buscar en la historia del paciente, era equivalente a “revolver” un cerebro ya de por sí muy desorganizado, y podría ser contraproducente. Con esta idea hemos funcionado muchas generaciones de psiquiatras.

        Agustina iba a enseñarme una lección muy importante: estábamos equivocados. Por ello, no puedo terminar este libro sin hacer honor a quien fue una de mis maestras. Más tarde, la investigación ha confirmado que las terapias orientadas al trauma pueden ayudar a las personas con cuadros psicóticos, y que estas no se descompensan porque las ayudemos con este tipo de herramientas.

        Con Agustina probamos todo tipo de fármacos que funcionaban en muchos pacientes. Sin embargo, nada parecía ayudar a esta mujer. Es más, su estado se deterioraba a pasos agigantados, cada vez la veía más desmejorada, incluso físicamente, porque adelgazaba día tras día, y estaba planteándome la necesidad de ingresarla. Antes de hacer esto, hablé con ella sobre la posibilidad de trabajar con EMDR. Estuvo de acuerdo, así que nos pusimos a ello.

        Trabajamos en concreto la etapa anterior a que empezaran sus síntomas, mucho tiempo atrás, cuando su hijo aún era pequeño. Agustina vivía entonces con sus padres y el niño, y, en sus propias palabras, “se sentía muy sola”. Esto nos da una idea de cómo podría ser la relación con sus padres. Pero realmente las claves aparecieron cuando empezamos a procesar ese recuerdo. Poco a poco, empezó a asociar aquel momento con una madre muy fría que frecuentemente se dirigía a ella con insultos. Para salir de aquel ambiente, Agustina se casó con el padre de su hijo, que la maltrató durante años. Como ella nunca había sido importante para nadie, no consideró tampoco que su sufrimiento importara. Cuando nació su hijo, pudo reaccionar y volver a casa de sus padres. Sin embargo, esto reactivó las difíciles vivencias de su infancia. Y aparecieron sus síntomas. Su mente le decía, sintiéndolo ella como una comunicación telepática de cuantos la rodeaban, que no tenía derecho a disfrutar, que no tenía derecho a vivir, que no tenía derecho a nada.

        En medio de estos fragmentos de su historia que se desvelaban entre tanda y tanda de movimientos oculares, Agustina me regaló muchas reflexiones sobre el proceso que estábamos haciendo juntas: “Me estoy sintiendo un poco persona… Me siento un poco persona. Siempre me había sentido como un animal, siempre…”, “Nunca me valoré, nunca”. “¿Esto que me están haciendo es una revolución, verdad, en la terapia?”, “¡Cómo me gustaría que esto se lo hicieran a mi hijo, él también tiene muchos problemas!”

        El declive mental y físico de Agustina empezó a remontar de un modo claro después de esta sesión. Seguimos trabajando en más recuerdos y, con mucha menos medicación, su cuadro se estabilizó. Aunque le costaba mucho relacionarse —llevaba toda la vida funcionando desde un patrón de aislamiento—, pudo ser más afectiva con su hijo y salir un poco de su encierro. Agustina me enseñó que no solo se puede trabajar con pacientes que sufren este tipo de problemas, sino que debemos hacerlo. De lo contrario, dejamos que personas con problemas mentales graves mantengan grandes dosis de sufrimiento que podría ser aliviado, dejamos que arrastren pesadas mochilas llenas de piedras que apenas pueden levantar”.

        González, A. (2021): “Las cicatrices no duelen. Cómo sanar nuestras heridas y deshacer los nudos emocionales”. (pp. 217-221). Planeta.

        Y finalizo este artículo con el párrafo de la solapa interior de la contraportada:

        “No importa lo mucho que todavía sigan doliendo las heridas: si las destapamos, quitamos lo que las contamina y dejamos que el organismo vuelva a poner en marcha su capacidad para curarse, se convertirán en cicatrices. Y las cicatrices no duelen”.

        Un saludo muy afectuoso.

        Paulino

         Vídeo de presentación de su libro:


(Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=dnd2UYXzNfs)

        Vídeo de una charla de Anabel en “Aprendemos Juntos 2030” de BBVA:


domingo, 24 de noviembre de 2024

Optimiza tu metabolismo


        Isabel Belaustegui Trías (@isabelaustegui) presentó su libro “Optimiza tu metabolismo. Recupera tu flexibilidad metabólica, mejora la salud y pierde peso” (Grijalbo) el viernes 9 de noviembre en una charla que ofreció en el Club Faro (MARCO de Vigo).

        Isabel durante la presentación de su libro nos contó varias perlas de su libro —como decía ella. Y yo os extraigo algunas perlas de su libro que espero os gusten.

        La primera perla de su libro es sobre la pregunta que le hice a Isabel cuando me dedicó su libro:

¿Isabel, por qué pasaste de la medicina convencional a la medicina integrativa?

        Y nos relata en la despedida de su libro cuál fue el motivo de ese cambio:

        “Uno de los mejores regalos que me ha dado la nutrición ha sido cumplir el sueño de mi infancia. De niña soñaba con hacer natación sincronizada. Pasaba horas en el agua, buceaba, daba volteretas, hacía el pino. Me quedaba hipnotizada viendo a esas sirenas-deportistas de las muy pocas competiciones que se retrasmitían por la televisión. ¡Yo  quería ser una de ellas! Pero mis circunstancias familiares no me lo permitieron. Luego me metí en esta aspiradora que es la medicina y no hubo espacio para nada más.

        Cumplidos los treinta, asumí que sería mi espinita clavada en el corazón. Tendría que irme de este mundo sin haber probado lo que tanto me atraía. Sin embargo, a los treinta y tres años se me presentó la oportunidad. 

[…] 

      Por suerte, unos años antes me rompí. Había sufrido un agotamiento suprarrenal que me obligó a parar. Esa fue una de las decisiones más difíciles de mi vida: dejar a un lado la carrera prometedora por la que había luchado tanto, entregado tanta energía, tanto esfuerzo, tanto tiempo, tantas penas y centrarme en mí. Parar y cuidarme.

        Recuerdo la sensación de vacío que sentí y el miedo ante la incertidumbre. Por primera vez en muchos años, no tenía una lista de tareas que hacer y metas que cumplir. Sólo un gran y único objetivo: cuidar de mí, la persona que menos me había importado y (ahí comprendí) ¡la más importante de mi vida!

        Durante meses me dediqué a comer, dormir y dar paseos por la playa. No tenía energía para nada más. Algo tan sencillo como comer bien, descansar y pasear era justo lo que podía curarme. ¡Y mucha paciencia!, porque un proceso de este tipo requiere tiempo.

        La nutrición fue el eje de mi tratamiento. Descubrí que lo que había estado haciendo, creyendo que era muy sano (como comer un montón de fruta, alimentarse a base de cereales, beber leche y no probar apenas la carne o el pescado), me había debilitado, así que tuve que poner mi dieta patas arriba para restaurar todo el sistema. Se me rompieron los esquemas, pero me atreví a probar.

        Cuando estuve algo mejor, decidí ahondar en este campo y saber más. Como médico, me parecía fundamental conocer el papel de la nutrición en la salud y la enfermedad. Resultó que había alimentos que enferman y otros que ayudan a curar, que había enfermedades relacionadas con alimentos concretos, que la forma de cocinar la comida — ¡e incluso la manera de combinarla!— tenía un impacto en la salud, y no solo física, sino también mental y emocional.

        De pronto encontré respuestas que la medicina convencional no me había dado antes, en mis años de trabajo asistencial en el hospital y en la investigación clínica, y vi legítimas mis preguntas de científica chiflada que habían surgido ante el microscopio.

        No era locura, sino un cambio de paradigma. Pasar a pensar de manera global, dejar de vernos como objetos, algo externo real sólo en la medida en que podemos testarlo con pruebas objetivas diagnósticas, y empezar a integrar todas las dimensiones —física, mental y emocional— en una persona-todo real.

[…] 

        Y al cabo de unos años llegó la sorpresa de la natación sincronizada.

        Por los cambios de vida que había ido aplicando, tenía un físico que me permitía intentar esta disciplina: estaba fuerte y tenía energía, resistencia, elasticidad, capacidad de coordinación, amplitud respiratoria…

[…]

        ¡Mi gran aventura de la sincro!

        Nos merecemos hacer realidad nuestro potencial, hacer que germine la semilla que llevamos dentro y cumplir nuestro propósito. La vida es encontrar lo que realmente somos y convertirnos en eso. ¡En nosotros mismos!”

        Belaustegui, I.  (2024): “Optimiza tu metabolismo. Recupera tu flexibilidad metabólica, mejora la salud y pierde peso”. (pp. 275-278). Grijalbo.

¿Qué es la flexibilidad metabólica?

        La segunda perla que extraigo del libro responde a esa pregunta:

        “Con todo el conocimiento agrupado, se puede entender la flexibilidad metabólica como la capacidad de adaptación del metabolismo de un organismo para conservar la homeostasis (el equilibrio dinámico vital) de la energía.

        Para eso, ajusta la disponibilidad y la demanda de combustible a la abundancia o escasez, y a las variaciones de composición de la dieta, la actividad física y las fluctuaciones de las condiciones ambientales cambiantes.

        A nivel molecular, esta plasticidad recae en la configuración de las rutas metabólicas que tienen que ver con todo el proceso de manejo de nutrientes, desde su recepción hasta su transporte, almacenamiento y utilización. Esta compleja red metabólica está a su vez condicionada por la síntesis, degradación y actividad de regulación de proteínas clave (las enzimas), posicionadas en diversos circuitos metabólicos,

        En el siguiente escalón, la flexibilidad metabólica está ligada a la capacidad de la mitocondria de seleccionar el combustible que empleará como respuesta a los cambios nutricionales y de intervenir adecuadamente sobre él. La flexibilidad metabólica sitúa el papel de la mitocondria en el epicentro de su misión.

        Al final, en este ascenso, la flexibilidad metabólica se expande con rapidez para enlazar con la capacidad de todo el sistema: de la célula llega a los órganos completos, los sistemas y el cuerpo entero.

        Desde la molécula hasta la totalidad de la persona, la flexibilidad metabólica posibilita todo lo que sucede en nuestra biología. De ahí que los estudios que se llevan a cabo en este campo desde finales del siglo XX estén demostrando que la pérdida de la flexibilidad metabólica es el mecanismo subyacente que, en última instancia, condiciona el estado de plenitud y bienestar o, por el contrario, el desarrollo de un amplio abanico de problemas de salud, muchos de ellos muy comunes en la actualidad.

        ¡Y éste es nuestro Eureka, el hallazgo que nos puede hacer salir corriendo por la emoción…!

        Sabiendo todo esto, y siendo conscientes de que podemos influir positivamente en la flexibilidad metabólica con las decisiones que tomamos a diario, se nos desvela el secreto fundamental del autocuidado y la salud. No porque queramos que las células se pongan a hacer acrobacias, sino porque implica que podemos recuperar las riendas de la salud y el bienestar, y vivir nuestra mejor versión”.

        Belaustegui, I.  (2024): “Optimiza tu metabolismo. Recupera tu flexibilidad metabólica, mejora la salud y pierde peso”. (pp. 51-53). Grijalbo.

¿Cuáles son las dos rutas metabólicas?

        La siguiente perla del libro es explicar el funcionamiento de estas rutas o vías metabólicas que favorecen o perjudican nuestra flexibilidad:

        “Contamos entonces con dos opciones para obtener energía de una forma saludable: el empleo de la glucosa y el de las grasas. Cada una de ellas es una ruta única trazada por la secuencia específica de reacciones químicas propias de cada nutriente. Todas estas reacciones son coordinadas y reguladas por mediadores propios.

        Se trata de dos caminos alternativos. Tomamos uno u otro según las circunstancias de cada momento: qué necesitamos, qué sustrato está disponible, qué maquinaria se pone en marcha, que hormonas dan la señal…Son la vía de la glucosa y la de la grasa.

[…]

        Estas dos formas de almacenar la energía nos permiten adaptarnos a los cambiantes requisitos de la vida. Conocerlas nos ayuda a sincronizar de forma óptima lo que somos con lo que comemos y hacemos para vivir con plena salud.

        Durante mucho tiempo se ha considerado que lo único relevante en este sentido es saber cuántas calorías entran en nuestro organismo y cuántas salen, como si fuéramos una hucha. Ahora sabemos que no todas las calorías son equivalentes ni repercuten en nuestra vida por igual. Y que no funcionamos como un balance de cuentas.

        Almacenamos la energía en un “sistema bicompartimental” (llamado así porque comprende dos compartimentos). Más que en una hucha, disponer de la ruta de la glucosa y la de la grasa nos da la oportunidad de preservar nuestros ahorros en algo así como dos cuentas bancarias:

·            Una cuenta de uso diario y libre de acceso que equivale a los depósitos de glucosa en forma de glucógeno.

·            Una cuenta de seguridad de la que podemos sacar dinero durante mucho tiempo, el tejido adiposo, custodiada por una clave: los niveles bajos de insulina en la sangre.

        En nuestro cuerpo, cuando se nos termina el glucógeno (el dinero de la cuenta bancaria diaria), podemos acudir a la grasa (la cuenta de seguridad). ¡Siempre y cuando tengamos en la sangre niveles bajos de insulina! la hormona encargada de introducir la glucosa en las células. Si la insulina sube, las células recurren a la glucosa (el dinero corriente) y se bloquea el acceso a la grasa (los ahorros)”.

        Belaustegui, I.  (2024): “Optimiza tu metabolismo. Recupera tu flexibilidad metabólica, mejora la salud y pierde peso”. (pp. 24 - 29). Grijalbo.


        Y la última perla que te cuento del libro es sobre la famosa insulina:

¿Cómo puedo reducir la insulina para quemar la grasa y perder peso?

        “¿Cuándo se eleva la insulina?

·               Cada vez que comemos, pues todos los alimentos estimulan la producción de insulina.

·              Cada vez que tomamos carbohidratos (pan, pasta, galletas, cereales de desayuno, azúcar de mesa, fruta…), ya que son los alimentos que más elevan la insulina.

·              En determinadas enfermedades, como la diabetes tipo 2. El síndrome metabólico y la resistencia a la insulina, consecuencia directa de los niveles constantemente altos de insulina.

         La manera de cortar el círculo vicioso de la elevación de insulina y la repercusión negativa que esto tiene en el organismo (que reacciona elevando más aún los niveles) es encontrar una estrategia que frene su producción.

        Y aquí es donde entra en juego la flexibilidad metabólica y una práctica ancestral de gran ayuda: el ayuno. El ayuno es la manera más eficaz de reducir la insulina.

        Si no paramos de comer, el cuerpo no deja de recibir la señal de que hay que guardar energía en vez de quemar las reservas

[…]

        Con el ayuno, agotamos los depósitos de glucógeno y mantenemos niveles bajos de insulina, con lo que el cuerpo es capaz de quemar grasa y perder peso. Como está obteniendo la energía que necesita, no sufre hambre ni frena el metabolismo.

        La cuestión es acceder a la cuenta bancaria de seguridad: la clave es la insulina baja, no la cantidad de calorías que se consumen”.

        Belaustegui, I.  (2024): “Optimiza tu metabolismo. Recupera tu flexibilidad metabólica, mejora la salud y pierde peso”. (pp. 93 y 94). Grijalbo.

        Para llevar mejor el ayuno, Isabel nos sugiere que:

        “Además de agua, durante las horas de ayuno podemos tomar caldo de verduras e infusiones: café, té (en particular el té verde), menta, hierbaluisa, salvia, manzanilla, tila, rooibos, mate o tulsi. ¡Sin azúcar, por favor! Nos hidratan, potencian el trabajo de los emuntorios, promueven la salud intestinal y, ricos en antioxidantes, cuidan de nuestras mitocondrias y rutas metabólicas.

        Belaustegui, I.  (2024): “Optimiza tu metabolismo. Recupera tu flexibilidad metabólica, mejora la salud y pierde peso”. (p. 164). Grijalbo.

        Estas son algunas perlas de las muchas que nos deja Isabel en su maravilloso libro, no solo sobre metabolismo sino sobre salud integral.

        Aprende, comparte y sonríe”. (Ins.:@iglesias.paulino)

        Un saludo muy afectuoso.

        Paulino.

sábado, 19 de octubre de 2024

Lo bueno de tener un mal día

        La doctora Anabel Gonzálezhttps://anabelgonzalez.es/ ) visitó el Club Faro en Vigo para la presentación de su libro “¿Por dónde se sale?” (Editorial Planeta) pero en este artículo te hablo de un libro anterior “Lo bueno de tener un mal día. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor  (Editorial Planeta)

        La presentación de la autora de hoy es:

        “Anabel González es psiquiatra, psicoterapeuta y doctora en Medicina. Trabaja en el Complexo Hospitalario Universitario A Coruña (CHUAC). Es presidenta de la Asociación EMDR España, cuya web es  https://www.emdr-es.org/  .

        Pero también me gustaría que conocieras su trabajo clínico:

        “Una de las principales aspiraciones del ser humano es alcanzar la felicidad, y aunque pensamos que es la vida la que nos lo pone difícil, en no pocas ocasiones nosotros mismos nos ponemos obstáculos. He pasado la mayor parte de mi vida ayudando a personas con problemas, he conocido sus historias vitales y cómo han reaccionado ante ellas. Como psiquiatra siempre me han interesado el campo de la psicoterapia del trauma, es decir, el camino por el que quienes han sufrido experiencias difíciles consiguen superar estas vivencias y llevar una vida gratificante”.

        González, A. (2020): “Lo bueno de tener un mal día”. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor”. (p. 9). Planeta.

UN   MAL   DÍA

        El libro comienza con el mal día:

        “Lucía ha tenido un mal día. Un día pésimo, de hecho. Empezó bien temprano,…”.

        Y después de contar todo lo que le sucedió a Lucía ese día, al final comenta:

        “Cuando nuestra relación con nuestras emociones no es eficiente, un día como este puede generar muchos problemas, que serán distintos, según como funcionen nuestros sistemas de regulación emocional. ¿Cómo llevarán un día similar personas que manejan sus emociones de un modo diferente a Lucía? Veamos varios ejemplos:”.

        Y nos relata como otras personas como Pandora, Bernardo, Alma, Marcial, Soledad e Iván   gestionan esos mismos hechos de una forma diferente, con pensamientos y conductas diferentes; porque cada uno tiene una regulación emocional particular.

        “La historia se basa en los mismos hechos, pero la banda sonora es completamente diferente. En la primera viñeta, Lucía amortigua muy bien el efecto de las circunstancias que se van produciendo. De hecho ese mal día, va a ser un revulsivo para volver a luchar por lo que le gusta y tratar de mejorar su vida; va a ser un mal día productivo. En los demás escenarios, en cualquiera de sus variantes, la gestión emocional echa gasolina a la hoguera, multiplica el malestar, lo alarga en el tiempo, genera un bloqueo a la hora de buscar soluciones y a medio plazo puede llevar a problemas emocionales más graves por acumulación”

[…]

        “Parte de mi trabajo es entender y ayudar a las personas a que comprendan su historia y los aspectos que las llevan a atascarse en sus vidas. Estas historias están hechas de emociones y de desencuentros con esas emociones. En los últimos años he podido profundizar, a través de varios proyectos de investigación, en el análisis de los complejos mecanismos que subyacen a lo que sentimos, cómo lo sentimos, y cómo reaccionamos ante ellos”.

[…]

        “A lo largo del libro iré haciendo referencia a algunos de estos estudios, siempre intentando aterrizarlos en experiencias cotidianas y concretas, y orientado a la mejora de la gestión de lo que sentimos”,

         González, A. (2020): “Lo bueno de tener un mal día”. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor”. (pp. 15, 16, 21 y 22). Planeta.

NUDOS   EMOCIONALES

        Anabel González nos comenta lo fácil que puede ser deshacer esos nudos emocionales que se nos forman muchas veces sin darnos cuenta:

        “El mundo emocional es complejo, pero hay unas reglas de funcionamiento básico muy simples y claras. Si las dejamos fluir, nuestras emociones se equilibran por sí solas. Lo hacen en base a sistemas de regulación que el sistema nervioso lleva incorporados y de los que muchas veces no somos conscientes. Podríamos decir que nuestro organismo tiene una sabiduría natural y funciona bastante bien en piloto automático. El mayor problema, como ya comentaba, es cuando empezamos a intervenir en esta regulación, pretendiendo cambiar las reglas con las que las emociones funcionan. Por eso, aprender a modular nuestras emociones no consiste en practicar técnicas de relajación o hacer ejercicios de meditación, aunque ambas cosas pueden sernos de ayuda. Se trata en primer lugar de dejar de hacer lo que puede estar perjudicándonos en este terreno.

        ¿Pero por qué ocurre esto? ¿Por qué hacemos cosas con nuestras emociones que son contraproducentes? Los seres humanos tenemos cierta capacidad para complicar cosas que podrían ser sencillas, pero en general no lo hacemos a propósito. Muchas veces repetimos lo que hemos aprendido sin darnos cuenta, y lo seguimos aplicando también sin ser conscientes, aunque no nos funcione bien”.

        González, A. (2020): “Lo bueno de tener un mal día”. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor”. (pp. 22 y 23). Planeta.

LA   SIEMBRA   DE   LAS   EMOCIONES

        La siembra de las emociones sería, para mí,  el mejor título para el libro, porque es todo un manual de buenas prácticas para cultivar y cuidar nuestras emociones:

          “A lo que hacemos con lo que sentimos lo llamamos regulación emocional, y es el tema central de este libro”.

        “Como veremos a lo largo de cada uno de los capítulos, hay muchos aspectos que tener en cuenta. Si mejora nuestra comprensión de cómo funcionan las emociones y cuáles son los sistemas más eficientes para regularlas, nuestras posibilidades para lidiar con lo que la vida nos vaya trayendo serán mayores. Comprender no lo cambia todo, pero ayuda mucho, y sin comprender difícilmente podremos variar nuestros patrones”.

[…]

“Aparte de comprender, debemos tener una buena conexión con lo que sentimos y, en este punto, es fundamental prestar atención al cuerpo y a sus sensaciones. Si no miramos para dentro, solo conoceremos la teoría. El cuerpo y la reflexión consciente deben conjugarse para alcanzar una buena regulación de las emociones.

        En realidad, más importante que saber qué hacer con nuestros estados emocionales, es saber qué no hacer

[…]

        “El cambio en la regulación de las emociones no sucede por arte de magia, requiere un trabajo de siembra. La cosecha llega después, cuando el tiempo es propicio y sea la estación adecuada. Quizás haya que esperar al año siguiente para tener buenos frutos. Pero solo si conocemos el terreno, lo abonamos, procuramos sembrar buena simiente y la cuidamos como requiere, tarde o temprano podremos tener una buena cosecha. Este libro, de hecho, es un puñado se semillas con instrucciones para su siembra y cuidado”.

        González, A. (2020): “Lo bueno de tener un mal día”. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor”. (pp. 11 y 12). Planeta.

ESTAMOS   EN   ELLO

        Ponte manos a la obra sería el último mensaje que nos recomienda Anabel González al final de su libro:

        “Hay una sabiduría natural de las emociones que podemos recuperar, aunque nuestra forma de funcionar con ellas no haya sido saludable hasta ahora. Aprender a identificarlas, a escucharlas y a ver dónde nos mueven nos ayudará a entendernos a nosotros mismos, a relacionarnos con los demás y a tomar decisiones saludables. Este cambio puede producirse simplemente porque nos demos cuenta de algunos mecanismos desfavorables que usamos y dejemos de hacerlo, pero no pocas veces requerirá la paciencia de sembrar y cultivar nuevas maneras de funcionar con nuestras emociones. Solo el hecho de estar leyendo sobre todo esto y de tener una mayor conciencia de nuestro mundo emocional ya es un paso importante. A partir de ahí, solo hace falta seguir andando.

 […]

        “De nada sirve todo lo que hemos contado si no lo llevamos a la vida, a las relaciones con los demás y con nosotros mismos. Lo que hemos de aprender sobre todo ello está en nuestras emociones y en las de los demás. Ahí descubriremos lo que no está en los libros”. 

        González, A. (2020): “Lo bueno de tener un mal día”. Cómo cuidar de nuestras emociones para estar mejor”. (pp.280, 281 y 286). Planeta.

         Aprende, comparte y sonríe”.https://www.instagram.com/iglesias.paulino/ )

        Un saludo muy afectuoso.

        Paulino.

 


Vídeo de presentación del libro

(Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=ggvXltDx_C0)

lunes, 19 de agosto de 2024

Tus microtraumas


 

    Tras el éxito de Una mente con mucho cuerpo, la psiquiatra y divulgadora Rosa Molina

(Instagram @dr.rosamolina) nos ofrece su nuevo libro, Tus microtraumas, una guía para identificar y curar las heridas emocionales que forman parte de nuestra vida cotidiana.

    La doctora Rosa Molina es especialista en psiquiatría en el Hospital Universitario Clínico San Carlos (Madrid). Es máster en Neurociencia, doctora por la Universidad Complutense de Madrid y docente universitaria. Ha coordinado la sección de Neurociencia Clínica de la AEN (Asociación Española de Neuropsiquiatría), ha publicado diversos artículos científicos y actualmente realiza una importante actividad de divulgación en salud mental a través del pódcast “De piel a cabeza”, su canal de Instagram @dr.rosamolina y otros medios de comunicación.

    Querido lector y lectora del libro “Tus microtraumas” te extraigo tres aprendizajes sencillos y útiles para el desenvolvimiento personal:

1. La diferencia entre el trauma y el microtrauma.

2. La influencia del estrés causado por los microtraumas en la inflamación de bajo grado.

3. La estrategia final para la superación de los microtraumas.

Y me despido explicando la expresión que me encantó: “Crece silenciosamente”.

    En el capítulo 3 titulado el trauma no es un hecho es un proceso, la psiquiatra nos plantea la siguiente pregunta: ¿Trauma o microtrauma?

    “Hasta ahora, al hablar de sucesos traumáticos hemos evocado fundamentalmente situaciones graves como catástrofes naturales, agresiones, guerras, violaciones, y es normal, porque es la forma más destacada en la que se entiende el trauma a pie de calle y la más sencilla de visualizar. Sin embargo, en la actualidad sabemos que hay hechos aparentemente menores que pueden llegar a producir, en determinadas circunstancias, el mismo daño que un trauma mayor.

    Hablamos de situaciones que no son de “alto voltaje”, no son una amenaza para la vida o integridad del sujeto, pero que para algunos individuos se convierten en sucesos traumáticos que dejan una huella duradera. Esto muestra que el concepto restrictivo de trauma que habitualmente usamos en la clínica no responde a todo lo que vemos.

    Por ejemplo: una ruptura de pareja o recibir críticas en el trabajo, que se consideran situaciones estresantes para cualquier individuo, pero que generalmente solo desestabilizarían durante un tiempo limitado al sujeto, podrían sin embargo convertirse en un suceso traumático para algunas personas, que pueden precisar ayuda o tratamiento psicológico para superarlas. Esto puede estar causado por su interacción con una vulnerabilidad previa del sujeto o bien por el efecto acumulativo de diversos sucesos similares, es decir, por su tendencia a repetirse en el tiempo. Y aquí es donde entra el concepto de microtrauma (o trauma con t minúscula o t pequeña).

[…]

    Para entender mejor la diferencia entre trauma y microtrauma, podemos imaginar los primeros como sucesos que rompen nuestro equilibrio psicológico en un abrir y cerrar de ojos mientras que los segundos causan una erosión continua y progresiva, pero no por ello menos dañina. En ambos casos, la consecuencia es una herida abierta que duele y hay que tratar.

    La psicóloga irlandesa Noreen Barron lo describía así en su perfil de Instagram: teniendo en cuenta que los sucesos traumáticos son estresantes y, por lo tanto, aumentan nuestros niveles de cortisol, que es la hormona del estrés, el trauma equivaldría a una taza llena de cortisol, y el microtrauma, a la suma de veinte cucharadas.

    Estos microtraumas quedan en nuestro interior influyendo y marcando nuestras emociones, pensamientos y conductas”.

 Molina, R. (2023): “Tus microtraumas. Cómo identificar tus heridas emocionales para que tu pasado no condicione tu futuro”. (pp. 71, 76 y 77). Paidós.


    En el capítulo 2 Características del trauma Rosa Molina nos cuenta cómo el trauma o microtrauma pueden ocasionar una inflamación de bajo grado:

     El estrés crónico que provocan las experiencias traumáticas y microtraumáticas se traducen también en alteraciones del sistema inmune, endocrino e incluso digestivo. Por ejemplo, un alto nivel de cortisol sostenido en el tiempo puede alterar la microbiota intestinal y contribuir a la inflamación de bajo grado, un fenómeno que el destacado neuroendocrinólogo y experto en estrés Robert Sapolsky aborda en su libro ¿Por qué las cebras no tienen úlceras?, donde explica que esta inflamación de bajo grado se relaciona con todo tipo de problemas de salud como enfermedades cardiovasculares, digestivas, obesidad, depresión y ansiedad.

    La inflamación de bajo grado es un estado de inflamación crónica y de bajo nivel que persiste en el cuerpo durante períodos prolongados de tiempo. En comparación con la inflamación aguda, que es una respuesta inmediata y temporal del sistema inmune, la de bajo grado es de menor intensidad, pero tiende a cronificarse. Sus causas se relacionan con el estrés crónico, la obesidad, la falta de actividad física, la mala alimentación o la exposición  a ambientes relacionales tóxicos. A pesar de ser un mecanismo natural, la respuesta inflamatoria mantenida en el tiempo frente  a este tipo de situaciones puede ser perjudicial para la salud y se relaciona con enfermedades cardiovasculares, autoinmunes, neurodegenerativas (como la enfermedad de Alzheimer) e incluso con ciertos tipos de cáncer.

    La inflamación de bajo grado es difícil de detectar, porque no acostumbra a mostrar síntomas evidentes. Sin embargo, se está empezando a relacionar con determinados marcadores en sangre, como la proteína C reactiva (PCR), entre otros. La forma de combatir esta inflamación de bajo grado consiste en adquirir determinados hábitos considerados antiinflamatorios, como el ejercicio físico, la dieta saludable, el descanso suficiente o la gestión del estrés”.

    Molina, R. (2023): “Tus microtraumas. Cómo identificar tus heridas emocionales para que tu pasado no condicione tu futuro”. (pp. 63 y 64). Paidós.


    Crece silenciosamente” es lo que te deseo mi querido lector o lectora.

    Como cuenta Rosa Molina:

    “A veces lo que necesitamos es silencio para poder recomponernos y también para poder crear. Confucio decía: “Una semilla crece sin sonido, pero un árbol cae con un ruido enorme. La destrucción tiene ruido, pero la creación es silenciosa. Este es el poder del silencio”, Crece silenciosamente.

    Necesitamos más silencio y menos ruido en nuestro día a día, y esto es aplicable a muchas facetas de nuestra vida. Estamos en la era de la multitarea y el ruido mental. A veces modificar ciertos hábitos nos puede proporcionar mayor bienestar y calidad de vida”.

    Molina, R. (2023): “Tus microtraumas. Cómo identificar tus heridas emocionales para que tu pasado no condicione tu futuro”, (p. 244). Paidós.

     “Aprende, comparte y sonríe”. (Ins.:@iglesias.paulino)

    Un saludo muy afectuoso.

    Paulino.